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 Jesucristo Es El Mismo Ayer Y Hoy Y Por Los Siglos MP3 - William Marrion Branham

 Jesucristo Es El Mismo Ayer Y Hoy Y Por Los Siglos MP3 - William Marrion Branham

61-0205

Cita del Mensaje de William Marrion Branham:
Ahora, no para retenerlos, sino para llamar su atención por unos cuantos momentos para levantar la fe para que cada uno de Uds. sean sanados. Y mientras miro en la iglesia esta noche y veo a un hombre aquí tosiendo, a una criaturita acostada allí, el precioso bebé de una madre, con hidrocefalia, muriéndose, una querida mujer anciana sentada en una silla de ruedas, y demás.... ¡Oh, si hubiera alguna manera, algo que yo pudiera hacer! ¿Ven? Y quizás estos en las sillas de ruedas y los demás, vivirán una vida común; y quizás un hombre o una mujer que se mira saludable, sentado allí, o un joven, estarán muertos mañana de un ataque de corazón. ¿Ven? Estos quizás los sobrevivan un largo tiempo. No sabemos. Veo gente con bastones blancos, caminando ciega. ¡Oh, si únicamente hubiera algo que yo pudiera hacer para ayudarlos! Si yo no pensara que los pudiera ayudar, nunca hubiera venido aquí. Si yo no pensara que pudiera ayudar a la gente....

No es por dinero. Eso yo no recibo. Y yo–yo tengo cincuenta y un años de edad. Yo he estado predicando por treinta y un años y nunca he levantado una ofrenda en toda mi vida. Así que yo–yo no... Nosotros mantenemos el dinero fuera de esto. Mantenemos nuestras reuniones pequeñas, para que así no tengamos que tener grandes programas y cosas para operar. Así que podemos ir a la iglesia más pequeña, o adonde el Señor guíe, allí es adonde vamos. Ahora, yo no estoy condenando a los hermanos que tienen esos grandes programas y programas de televisión y lo demás. Eso está bien. Le doy gracias a Dios que hay hombres en el mundo que El los puede confiar con dinero así, que pueden...?... Pero por lo que a mí respecta, yo–yo sencillamente no lo pudiera hacer. Yo tendría entonces que levantar una ofrenda, y yo–yo nunca lo he hecho todavía, y le pido a Dios que me ayude para que nunca lo tenga que hacer. Así que yo estoy aquí para ayudarlos. Y si yo no pensara que los pudiera ayudar a Uds., de seguro no estaría aquí. Yo estaría en casa esta noche con mi esposa y mi muchachito y mis dos niñitas. Yo estaría sentado allá al lado de una fogata en alguna parte esta noche, en el este, disfrutando con ellos. Pero yo casi soy un extraño para ellos. Yo sólo los veo de vez en cuando, viajando por todo el mundo. Pero....

Hubo una pregunta que se hizo aquí en la Escritura, y esta mañana, yo terminé hablando de la palabra “expectación”, el esperar. Ahora, yo confío que Uds. se la llevaron a casa con Uds. y escudriñaron la Escritura para darse cuenta qué esperar. La Palabra de Dios nos dice lo que podemos esperar. Y si recibimos esta Palabra sin mezclarla con ninguna duda, recibiremos por lo que hemos venido. Pero si Uds. se van diciendo: “Bueno, como lo esperaba, yo no...”, bueno, Uds. no verán nada. Pero si Uds. vienen esperando ver al Señor Jesús El mismo manifestarse entre la gente, Uds. se irán satisfechos. Seguro que sí se irán. Uds. sabrán que algo sucedió. Pero si Uds. dicen: “Bueno, yo... como lo esperaba, sólo era otro, oh, un evangelista parado arriba hablando, y eso...”, entonces eso es todo lo que Uds. recibirán. Uds. por lo general reciben lo que están buscando. Así que abran su corazón esta noche, y bajen la sombrilla, y sólo, oh, sólo reciban a Dios en su corazón. Y vayan, regresen a sus iglesias de donde Uds. provienen y díganle a su pastor que verdaderamente el Señor Jesús es el gran Sanador, que El es el que salva y llena al creyente con Su Espíritu, y lo hace una nueva criatura en Cristo. El pastor dirá: “¿Cómo sabes tú eso?” Digan: “Yo lo experimenté. Yo sé”.

Un hermano, no hace mucho tiempo, que no está de acuerdo que Cristo es el Sanador (él lo hace un Dios histórico), él dijo: “Oh, yo no creo que algo sucederá”. Dijo: “Yo todavía no creo en sanidad Divina”. Yo dije: “Seguro que no. No era para Ud. No era para incrédulos; era para aquellos que creen. Está destinada sólo para creyentes”. El–El no compró nuestra–nuestra sanidad para incrédulos; El la compró para aquellos que creen. La promesa no es para incrédulos, sino para aquellos que creen.

Así que estos griegos vinieron a la fiesta. Ahora, los griegos eran gente estudiada, y ellos vinieron a esa fiesta de Pentecostés para–para adorar. Y mientras estaban en el templo, ellos habían oído tocante al Señor Jesús. Y de alguna manera u otra, yo no creo que haya alguien que pueda alguna vez oír nombrar ese amoroso Nombre que–que no deseara verlo a El. Cuando Uds. oyen de Jesús, hay algo tocante a ese Nombre del Señor Jesús que–que inspira, y Ud. nunca se puede sentir el mismo. Es un Nombre sobre de todo nombre. El descendió del Cielo, y el mundo le dio el nombre más bajo que había en la tierra: Beelzebú, un adivino, un demonio. Y El fue a la ciudad más baja que había en la tierra: Jericó; y era tan baja, que el hombre más pequeño de la ciudad, Zaqueo tuvo que mirar hacia abajo para verlo a El. Pero cuando El pagó el precio de redención, Dios le dio un Nombre que es sobre todo nombre. Aun toda la familia en el Cielo y en la tierra es llamada Jesús. Y El exaltó Su trono hasta lo sumo que El tiene que mirar hacia abajo para ver el Cielo. Esa es la diferencia: la manera que el mundo lo trató, y la manera que el Padre lo trató cuando El ascendió.

Miren, así que estos griegos tenían curiosidad, y ellos habían oído tocante a El, oyeron de Sus grandes obras. Así que, tal vez por curiosidad, o quizás por beneficios sinceros, ellos vinieron y dijeron: “Señores, quisiéramos ver a Jesús”. Y yo creo que si pudiera interpretar la mente de esta iglesia esta noche, de esta gente, que ese es el deseo de nuestro corazón. ¿A cuántos aquí les gustaría ver a Jesús? [La congregación dice: “Amén”–Ed.]. Seguro. Bueno, entonces yo les voy a hacer una pregunta: ¿ellos–ellos lo lograron ver? Sí, señor. Felipe los llevó a verlo; los llevó a uno de los hermanos, y ellos los llevaron a ver a Jesús. Así que si ellos inquirieron y desearon ver a Jesús, se les dio el privilegio de ver a Jesús por medio de uno de Sus siervos. Miren. Y si Hebreos 13:8 es una Escritura correctamente inspirada, que dice: “Jesucristo es el mismo ayer, hoy, y por los siglos”, entonces si ese es nuestro deseo, entonces, ¿por qué nosotros no lo podemos ver?

Ahora, Uds. deben recordar–recordar que esta Palabra o es la verdad o no es la verdad. No hay contradicción en Ella. Yo he ofrecido a cualquiera... Oh, yo recibo cien dólares a la semana, y yo–yo le ofrezco el salario por un año a cualquiera, que me pueda mostrar una contradicción en la Palabra que Ella misma no se lo aclare. No está allí. Están escondidas de los ojos de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a niños que quieran aprender. Jesucristo dio gracias al Padre por hacer eso. La Palabra no está confundida; es la gente que está confundida. No es la Palabra. Así que el Espíritu Santo escribió la Palabra, y se necesita el Espíritu Santo para interpretar la Palabra, y todo funcionará exactamente correcto.

Ahora, si Jesucristo es el mismo ayer, hoy, y por los siglos... Y Dios me perdone por decir “si”, porque suena sacrílego. El sí es el mismo ayer, hoy, y por los siglos. Muy bien, entonces si Uds. lo desean ver a El, entonces, ¿por qué Uds. no lo pueden ver? Nosotros somos Sus siervos, así que, ¿por qué Uds. no lo pueden ver a El? ¿Les gustaría verlo? [La congregación dice: “Amén”–Ed.]. ¿Les gustaría verlo? Muy bien. Yo creo que El hizo esta promesa, “porque en donde están dos o tres congregados en Mi Nombre, allí estaré Yo en medio de ellos”. Ahora, ¿es eso verdad? Si eso no es verdad, entonces la Biblia no es verdad, y la salvación de Uds. no es verdadera, y estamos perdidos y miserables. De toda la gente, fuéramos los más miserables, porque tendríamos una–una cosa falsa; estamos pensando que Cristo viene, y hay un Cielo al cual ir, y no hay tal cosa. Bueno, si esta Palabra está incorrecta, entonces esa Palabra es El, y entonces todo está incorrecto. Pero si está correcta, entonces toda Palabra de Ella está correcta. No es una porción para un tiempo, ni una porción para otro. Ella es todo el tiempo la misma, donde El pueda encontrar creyentes.

Ahora, si Jesús viniera visiblemente a esta audiencia esta noche... Ahora, El no pudiera venir en un cuerpo, porque ese–ese está en el trono de Dios. Pero El puede venir aquí por el Espíritu Santo, y mostrarles a Uds. que El mismo está aquí, obrando en Su Iglesia. ¿Creen Uds. eso? [La congregación dice: “Amén”–Ed.]. El tiene que ser el mismo principio en todo. El tiene que tener el mismo amor, la misma compasión, las mismas obras, la misma manifestación, si El es el mismo ayer, hoy, y por los siglos. Ahora, recuerden, Jesús, cuando las obras fueron hechas, Jesús no sanó a ninguno. El dijo: “Yo no puedo sanar a ninguno”. El dijo: “No soy Yo el que hace las obras, es Mi Padre, y El mora en Mí”. ¿Es correcto eso? [La congregación dice: “Amén”–Ed.]. “El mora en Mí. Y todavía un poco...” El dijo cuando El se fue: “Y el mundo no me verá más; pero vosotros me veréis, porque Yo (‘Yo’ es un pronombre personal), Yo estaré con vosotros aun en vosotros hasta la consumación”, hasta que el mundo llegue a su fin. “Yo... Y las obras que Yo hago, él las hará también. Si permanecéis en Mí y Mis Palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho”. ¡Oh, esas grandes promesas, cómo estremecen mi alma de emoción!

En el día cuando los misiles atómicos... Los rusos tienen satélites en el aire, y todas estas... Bueno, no hay descanso en ninguna parte, únicamente en Cristo. No hay una sola cosa... Nuestra nación, no podemos edificar nuestras esperanzas sobre ella, porque cualquier nación pequeña pudiera lanzar una bomba aquí y estallarnos de la faz de la tierra. Las artes militares casi han terminado. Uds. sólo necesitan que un solo hombre tire de una palanca, y todo estallará en pedazos. Y vemos que Uds. no pueden edificar sus esperanzas en nada mas que una sola cosa. Y yo cito a Eddie Perronett aquí cuando dijo: ¡Toda aclamación al poder del Nombre de Jesús! Que los Angeles se postren; Traigan la diadema real, Y corónenlo a El Señor de todo. Pues en Cristo la roca sólida me paro, Todos los otros terrenos son arena movediza, Todos los otros terrenos son arena movediza. ¡Nuestra única esperanza! Ellos están tratando de excavar un hoyo en la tierra, para entrar gateando en él. Ellos tienen una bomba que hará un hoyo en la tierra de quinientos pies de profundidad [152.4 m.–Trad.], y casi de cien millas cuadradas [259 km2 de superficie–Trad.]. Bueno, si Uds. estuvieran diez mil pies debajo de la tierra [3,000 m.–Trad.], les quebraría todo hueso en su cuerpo, la sacudida de ello.

Pero sí hay un Refugio. Oh, no está hecho de acero, sino que está hecho de plumas: bajo Sus alas. Oh, me gusta ese Refugio, habitar dulcemente y pacíficamente, sabiendo esto, que tan pronto como... antes que aun esa bomba empiece a silbar, en Sus alas El nos llevará Arriba. Oh, eso es lo que yo estoy buscando, ese gran rapto y acercamiento de nuestro Señor Jesús. Y verlo que está tan cercano, nuestros corazones saltan de gozo. Saber eso, es un gozo. Alguien dijo: “Hermano Branham”, dijo, “Ud. asusta a la gente diciéndole que el Señor Jesús viene, que es el fin del mundo”. Yo dije: “¡Oh, hermano!, no a los Cristianos. Oh, seguramente que no”. Pablo dijo: “Yo he peleado la buena batalla, he acabado mi carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, Juez justo en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman Su Venida” [Aparición, Biblia en inglés–Trad.]. ¡Oh!, ¿qué–qué cosa más grande pudiera suceder que Jesús viniera ahorita? Seguro que sí. Nuestras pruebas terminarán. Sólo nos mantenemos sosteniéndonos hasta que El llegue aquí, trabajando, aprovechando el tiempo, y haciendo que cada minuto cuente para El. En donde–en donde estemos, hablemos una palabrita para El.

Ahora, si El ha sido tan real para nosotros, y hemos visto Su misericordia y hemos visto lo que El era, ahora... y estamos bajo expectaciones esta noche de verlo a El, ¿entonces por qué no lo podemos ver? Yo les digo, El está en todas partes si sólo miran alrededor. El problema de ello es que la gente no mira alrededor lo suficiente como para encontrarlo. Nosotros vivimos en el Río Ohio, y, ¡oh!, es un gran lugar para pescar. Allí había un muchachito en nuestra ciudad que acostumbraba jugar allá en el río con un pescador anciano. Y él le preguntó a su madre un día (ellos pertenecían a una gran iglesia en la ciudad), él dijo: “Mami, Dios es una persona muy grande. ¿Lo pudiera alguien ver a El?” Ella dijo: “Yo no te puedo contestar eso, hijo”. Dijo: “Pregúntale a tu maestra de la escuela dominical”. Y él le preguntó a la maestra de la escuela dominical. Y ella dijo: “Yo no sé. Pregúntale al pastor”. Así que él le preguntó al pastor. Y el pastor dijo: “No, hijo, ningún hombre puede ver a Dios y vivir”. Dijo: “Sencillamente tú no lo puedes ver”.

Eso no satisfizo al muchachito. El fue al río, y ese pescador anciano (era un diácono en mi iglesia)... Así que él–él estaba un día en el río, en la Isla de las Seis Millas, pescando. Y en su regreso, regresando por el río, surgió una tormenta, y ellos tuvieron que dejar su pequeña barca en la orilla por unos cuantos momentos. La tormenta terminó, y... En Indiana, y en los estados del este, donde hay árboles de madera dura, esa lluvia cae y lava todas las hojas; y esa bricita sopla, cuando... Unicamente uno que es remero lo puede saber, cuando la punta de los remos chocan la punta de esas olas, la melodía que hace sobre el agua. Oh, con razón el Espíritu de Dios primero se movió sobre el agua. El ver cómo eso... Yendo río abajo, este pescador anciano, este hermano anciano lleno del Espíritu, movía sus remos de esa manera, y escuchaba el choque de la punta de sus remos en el agua. Y él sentado estaba mirando hacia atrás, yendo... El iba hacia el oeste y estaba mirando hacia el este. Y apareció un arco iris. Y el anciano, su compañera había partido hacía años. Y él estaba observando ese arco iris. Y sobre su barba plateada venían rodando pequeñas gotas de lágrimas que caían de su barba.

El muchachito estaba sentado en la proa de la barca, y se entusiasmó tanto que corrió hacia el centro de la barca, y él dijo... se postró de rodillas y dijo: “Señor, le voy a hacer una pregunta a Ud. que ni mi madre, ni la maestra de la escuela dominical, ni tampoco el pastor me pudo satisfacer”. El dijo: “¿Puede alguien ver a Dios?” Y eso conmovió al pescador anciano. El sacó los remos del agua y los puso en la barca, y abrazó al muchachito, y le pasó su mano por su cabellito, y dijo: “Dios bendiga tu corazoncito, hijito. Todo lo que yo he visto por los últimos cuarenta años, ha sido a Dios”. Tenía tanto en el interior, que él lo podía ver afuera, verlo en el arco iris, o lo que fuera. Eso es lo que es. Si Uds. lo están mirando a El desde un punto intelectual, Uds. nunca lo conocerán. Uds. tienen que mirar a través de El, dejarlo que entre en Uds. y El mismo se muestre lo que El es. Nosotros podemos ver a Dios si tan sólo miramos alrededor. Y temo que algunos de nosotros lo pudiéramos mirar demasiado tarde.

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