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 Conferencias MP3 - William Marrion Branham

60-0228

Cita del Mensaje de William Marrion Branham:
Me puedo imaginar a Dios, nuestro Padre, en el huerto del Edén mirando alrededor para encontrar un cierto árbol, al cual El pudiera llamar a Sus hijos para entrar en Su Presencia bajo este árbol. El seleccionó un lugar. Y El convocó esa conferencia. Y El puso de pie a Adán y a Eva y a la serpiente, y se llevó a cabo una conferencia. Ellos habían transgredido Sus leyes. Y Sus leyes eran justas y debía... la pena debía ser pagada. Y, “¿cómo iban ellos a vivir después de que la sentencia de muerte estaba sobre ellos?” Y se llevó a cabo una conferencia. Y se hizo una propiciación por ese pecado. Y temporalmente (hasta que la simiente de la mujer hiriera la cabeza de la serpiente, que pagaría totalmente la pena del pecado), fue sacrificado un cordero hasta que ese momento se cumpliera. Y hubo algo que fue logrado. Hubo algo que se hizo que fue grandioso: un camino para que el hombre pudiera otra vez ser salvo.

Yo estoy tan contento que ellos llevaron a cabo una conferencia. Si ellos no hubieran llevado a cabo una conferencia, ¿en dónde hubiéramos estado nosotros en esta noche? Hubo algo que se hizo. Los acuerdos fueron cumplidos, y los estatutos fueron hechos, y ellos siguieron adelante. Y esa primer conferencia significó la diferencia entre Vida y muerte para la raza humana. Y luego nombremos otra conferencia. Hubo un tiempo cuando había un profeta que conocía al Señor Dios como su Salvador. Y él mismo se había comportado mal y trató de hacerlo a su propia manera. Permítanme parar aquí sólo por un momento para decir esto, mi hermano, o mi hermana: en cualquier momento que cualquier persona aun trata de hacer la Palabra de Dios, o Su voluntad a su propia manera, ellos inmediatamente necesitan una conferencia con Dios, porque ellos están mal. Unicamente hay dos maneras de hacer algo: eso es el bien y el mal; esa es la manera de Uds., y la manera de Dios. La manera de Uds. siempre está mal. Moisés se dio cuenta que su manera no funcionaba. Y así como Moisés lo aprendió de la manera difícil, así de esa manera yo lo he aprendido. Sin duda mucha de la gente aquí en esta noche, sentada aquí, o parada aquí, lo ha aprendido de la misma manera. Es una manera difícil. Es mejor rendir la voluntad de Uds. a la voluntad de Dios, y llevar a cabo una conferencia con El.

Y cuando... Nos damos cuenta que Moisés en su gran erudición y su aprendizaje intelectual, listo, inteligente... El era tan astuto al grado que podía enseñar a los maestros. Y no estoy tratando de apoyar la ignorancia, pero yo pienso que cuando llegamos a eso, estamos en la etapa más peligrosa en la cual podemos entrar: cuando llegamos a ser tan inteligentes que sabemos más que todos los demás. Eso es la mitad del problema del mundo hoy en día. Ese es el problema de las naciones hoy en día: cada una está tratando de llegar a ser más inteligente que la otra. Ese es el problema de la gente hoy en día: estamos tratando de ser más inteligentes que alguien más. Estamos tratando, aun en nuestras iglesias, de ver cuánto más grande podemos edificar la torre de campanario, que gente a la que llamamos “la mejor clase” tenga en qué entrar, la mejor vestida. Quitando las reales joyas y pepitas del Evangelio y comprometiéndose en ellas. En lugar del altar, un apretón de mano. En lugar del Bautismo del Espíritu Santo, lo comprometemos con un apretón de manos, o un bautismo por inmersión, con el rociamiento de alguna agua, cualquier cosa para meter nuestro propio plan en ello. Pero nunca funcionará. Nunca funcionó, y nunca funcionará. La manera de Dios siempre está bien; tiene que ser; Su manera es la única manera. Moisés, con toda su gran mente militar, cómo es que él pensó que él lo podía lograr. Asesinar era el–el asunto, o asesinar era la manera, y él mató a un egipcio. Y en su mero principio él mismo se encontró derrotado.

Yo pudiera decir esto: hay muchos ministros en esta noche en el país, y en otros países, y muchos Cristianos en esta noche, que en su corazón realmente quieren servir a Dios, pero ellos mismos se encuentran derrotados, porque toman su propia concepción intelectual del Evangelio: “sólo únase a la iglesia, o haga alguna cosa buena, o dele a alguien alguna ropa, o haga un poco de buena acción”. Si eso es todo lo que se requirió, entonces la Conferencia del Edén fue en vano, y la muerte del Señor Jesús fue en vano. Dios estableció un programa y tenemos que venir a ese programa. Y lo más pronto que lleguemos a eso, lo mejor que logrará la Iglesia el propósito de Dios, cuando lleguemos al programa de Dios.

Moisés trató de hacerlo que funcionara a su propia manera. Y él se dio cuenta que él estaba mal. Y por hacerlo así, como muchos otros quienes se descarrían de un avivamiento a otro, suben y tratan de imitar a un Cristiano, o se ponen y hacen alguna clase de señal o–o alguna declaración de credo que reci-... recitamos, nosotros mismos nos encontramos derrotados en unos cuantos días, porque estamos tratando de hacerlo nosotros mismos. Nunca funcionará. Debemos cumplir el programa de Dios, palabra por palabra, letra por letra. ¿Ve?, cualquier cosa que Ud. trate de hacer, la mente intelectual es tan contraria al Espíritu. La mente intelectual piensa que tiene que ser listo, y sabio. El Espíritu Santo es humilde. Derribe todo lo que Ud. antes sabía y camine dulce y humilde delante del Señor, amándolo con todo su corazón, con toda su mente, y con toda su fuerza. Allí es en donde obra el Espíritu Santo. Lo hace a Ud. hacer cosas que Ud. no pensaba que alguna vez haría. Lo hará que se arrepienta y regrese, y dé un apretón de manos, y haga bien las cosas con las personas, de que Ud. podía unirse a la iglesia y todavía... Ud. mismo llamarse Cristiano, y con odio en su corazón; pero Ud. no puede ser guiado por el Espíritu Santo, y hacer eso. Ud. no puede hacerlo. Ud. no–Ud. no puede estafar. Ud. no puede mentir. Ud. no puede hacer tratos sospechosos. Tiene que estar claro, y evidente, y con la aprobación del Espíritu Santo en ello.

Moisés intentó, pero él falló. Dios lo había llamado a él; y no hay duda que al oír mi voz, quizás haya muchas personas que Dios ha llamado de la misma manera. Pero tratamos de apaciguar eso por medio de unirnos a la iglesia o hacer algo religioso. Nunca satisfará. Ud. necesita una conferencia con Dios. Así que Moisés (Dios determinó, porque El lo había elegido para hacer eso), él vagó en el desierto, y un día en la parte de atrás del desierto, Dios decidió llamar a Su profeta fugitivo. Y El seleccionó un cierto árbol. Yo siempre me he preguntado, me pregunto: ¿qué puso El en ese árbol que no se consumía con el fuego? Las hojas estaban tronando y crujiendo, y el fuego quemando. Y yo no sé por cuánto tiempo se había estado quemando, pero no se quemó. Fue el lugar seleccionado de Dios para encontrar a Su profeta.

Dios selecciona el lugar para tener Sus conferencias. Igual que los reyes y los gobernantes de las naciones seleccionan sus lugares para las conferencias, Dios selecciona Su lugar. Mi oración honesta es que su asiento en esta noche, o su lugar en donde Ud. está parado, sea el lugar seleccionado de Dios para Ud., en el que El le pueda hablar a Ud., decir a Ud., hacer algo o decir algo, que atraiga su atención. Si El pudiera captar la atención de Ud. sólo por unos cuantos momentos.... Moisés se acercó a la zarza ardiendo, observando y contemplando. ¡Qué espectáculo era ver una zarza que estaba ardiendo, y sin embargo, no se consumía! Y cuando él se acercó a la zarza ardiendo, él recibió órdenes: “Quita tu calzado de tus pies, Moisés, porque el lugar en que tú estás parado, tierra santa es”. Moisés obedeció, quitándose su calzado de sus pies.

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