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Hebreos Capítulo Dos William Branham Mensajes

Hebreos Capítulo Dos #1 MP3- William Marrion Branham

57-0825m

Cita del Mensaje de William Marrion Branham:
Hermano, cuando el mundo sabe que Ud. ha estado con Jesús, es cuando Ud. puede vivir una vida inadulterada en este mundo presente y en estas oscuridades, tanto que el mundo sabe y puede ver que Ud. ha estado con Jesús. Cuando una prostituta ruda, vulgar de la calle, puede llegar a ser una dama, lavada en la Sangre del Cordero, Dios está testificando que El vive.

Por ejemplo un borracho, quien sería tan bajo al grado de serle infiel a su esposa, que maltrataría a sus hijos, y quitaría la comida de la mesa para gastarlo en una prostituta. Deje que él se acerque a Jesús una vez. Uds. lo verán regresando como Legión, quien estaba en su mente cabal y vestido para sus bebés, y para su esposa, y para sus amados. Seguramente!

Hace algún tiempo, como cuarenta años atrás, cuando las religiones del mundo se reunieron y las diferentes personas se pararon y hablaron...Y el Mahometano habló por la religión Mahometana. El Jain habló por los Jains, el Budista por el Buda. Y el doctorcito...Se me olvidó cuál era su apellido, en estos momentos. Sabía su nombre pero se me olvidó. El habló para representar Cristianismo. Y él habló de la historia de la Señora Maccabee de Oklahoma, en América. Ella era tan terca y tan baja, que aun cuando ellos fueron a matarla, ni siquiera pusieron sus manos en ella; era tan vulgar y vil. Ellos la habían arrestado con una acusación de fumar un puro, manejando una diligencia, y romper las-las-las leyes, los récords en Oklahoma, cuando ella pasó por las calles manejando los cuatro caballos. Y ella era tan vil y sucia que la sociedad ni siquiera se acercaba a donde ella estaba, tanto así, que cuando los ejecutores iban a ejecutarla, no la quisieron colgar. Solamente echaron brea y plumas encima de ella para matarla. Y cuando este predicadorcito dio su historia, la dio de tal manera, que tenía a la gente sentada en la orilla de sus asientos escuchando qué era lo que seguía. Y cuando él llegó a esa tan vil, sucia, baja, que aun las leyes ni siquiera querían tener nada que ver con ella, ¡era tan baja!...El mismo diablo en el infierno estaría a punto de rechazar a tal persona, de la manera como él contó la historia. Entonces él dijo: ¿Caballeros de las religiones del mundo: tiene su religión algo que limpiaría las manos de la Señora Maccabee?

Todos se quedaron quietos. Entonces él palmeó sus manos y dio un salto en el aire, y dijo: ¡Gloria sea a Dios! ¡La Sangre de Jesucristo no solamente limpiará sus manos, sino limpiará su corazón y la hace una criatura nueva! 

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