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 Y Tu Descendencia Poseerá Las Puertas De Sus Enemigos MP3 - William Marrion Branham

Y Tu Descendencia Poseerá Las Puertas De Sus Enemigos MP3 - William Marrion Branham

61-0212e

Cita del Mensaje de William Marrion Branham:
Y ellos caminaron hacia allá. Y Uds. saben, nosotros somos los que nos ponemos nerviosos. ¿Qué de Uds. aceptando su sanidad noche tras noche? Bueno, Uds. piensan: “Oh, mañana... Yo–yo–yo todavía estoy tosiendo. Mi mano todavía está inválida”. Eso no tiene nada que ver con ello. Cuando Uds. verdaderamente, honestamente, de lo profundo de su corazón han aceptado eso como una obra terminada que Cristo hizo por Uds., entonces está consumada. Eso es todo de eso. Sí, señor. Sólo quédense allí con eso. Ahora, ellos continuaron caminando. Yo me puedo imaginar que Sadrac miró a Mesac, y dijo: “¿Estas seguro que estamos bien preparados en oración?” “Sí”. Continuaron caminando, el horno poniéndose más y más caliente al grado que la piel casi se les caía de su cara. Aun la Biblia dice que los hombres que los echaron allí, la intensidad del calor de ese horno mató a los hombres que los echaron allí. Parecía que era la hora más oscura. Ellos iban caminando hacia la orilla del horno. Pero Uds. saben, algunas veces Dios permite que Uds. lleguen a ese punto para probarlos a Uds. Uds. nunca pueden... Abraham nunca hubiera poseído las puertas del enemigo hasta que primero fuera probado. Y Uds. nunca poseerán las puertas de su enemigo hasta que pasen por las pruebas. “Algunos por las aguas, algunos por la inundación, otros por grandes pruebas, pero todos por la Sangre, Dios guía a Sus hijos”. ¿Ven?, Uds. primero deben ser probados. ¡Oh!, entonces el bastardo cae en la prueba, pero el verdadero hijo de Dios se mantiene verdadero. El sabe en dónde está su posesión. El sabe en dónde él está parado. El sabe lo que le ha sucedido. El sabe que él ha pasado de muerte a Vida. Y él sabe que Dios contesta la oración.

Ahora, los vemos subiendo. Sólo a un paso más para entrar al horno de fuego ardiendo, parecía que ellos estaban completamente derrotados. Pudiera ser... Yo he visto casos de cáncer casi llegar a su último aliento. Un hermano, recientemente que tenía artritis, tenía sus manos así. El Espíritu Santo le dijo, dijo: “ASI DICE EL SEÑOR, estás sanado”. El se fue a casa y se puso peor. El dijo: “No lo puedo evitar. Ese hombre no me conocía. El nunca me ha visto en su vida”. Vivía en Phoenix. El dijo: “El nunca me ha visto en su vida. ¿Cómo me pudo decir él quién era yo? Yo sé por la manera que él hablaba que no está instruido. Yo sé que había allí Algo sobrenatural. Y yo... Algo sucedió”. Ellos ni siquiera podían mover la almohada. Cuando ellos movían la almohada de sus manos, él decía: “¡Oh, esposa, esposa, ten cuidado!” ¡Oh!, sólo gritaba. Y ella dijo: “Cariño: ¿no tienes miedo de que estás trayendo un reproche sobre la mera religión que creemos?” El dijo: “No puedo traer reproche. Yo creo en mi corazón que va a suceder”. Y se puso muy grave. El se reclinó, y su niñita le estaba tratando de poner un trapo mojado en su rostro. El se sintió desmayar. Y él miró hacia arriba, y él dijo que vio delante de él a Cristo en la cruz. Y dijo que cuando él inclinó su rostro para morir... El pensó que su aliento se le iba, él ya no podía respirar más. La artritis estaba por todo su cuerpo. Y cuando él inclinó su rostro para morir, él vio a Cristo inclinar Su rostro allí. De repente él dio un gran salto, y salió de la silla, y dio vueltas y vueltas y vueltas en el lugar...?... ¿Por qué? El poseyó la puerta cuando El fue a la cruz. Pero primero, Uds. deben poseer... Uds. deben soportar la prueba.

Los jóvenes hebreos estaban en esa situación. Algunas veces pensamos que está muy oscuro. Pero recuerden, que es en la hora más oscura cuando Jesús viene. María y Marta, eran las hermanitas de Lázaro, una familia Cristiana que había dejado su sinagoga para creer en el Señor Jesús; y esa fue la hora más oscura para ellos. Ellos se habían salido de su iglesia. Ellos ya no podían regresar. Todos los que profesaban ser un seguidor de Jesús eran excomulgados de la iglesia porque El era un–un radical, alguien que iba destrozando sus iglesias. Y ellos no querrían eso, así que ellos dijeron: “Cualquiera que trate de seguirlo, bueno, lo echaremos fuera del compañerismo”. Así que ellos estaban fuera del compañerismo. Y ellos no podían regresar a la iglesia. Ellos habían llegado a ser heréticos. Y entonces, el mismísimo Hombre por el cual ellos se habían salido, el Señor Jesús, el mismísimo Hombre por el cual ellos se habían salido, ellos lo mandaron llamar para que orara por el hermano de ellas cuando yacía muriéndose de hemorragias. Y ellos... El rehusó venir. Ellos enviaron por El la segunda vez, y El rehusó venir. ¡Oh, cuán oscura estaba la hora en ese entonces! Finalmente, la hora de la media noche llegó, azotó, y el muchacho murió. Ellos lo pusieron en el sepulcro. El estuvo allí por cuatro días. La corrupción ya se había establecido en su cuerpo. Los gusanos de la piel estaban en él. Insectos del suelo estaban arrastrándose sobre su carne. Era la hora más oscura que ellas alguna vez vieron. Fue en ese momento cuando Jesús llegó, justamente en esa hora oscura.

¡Oh!, una mujer que... dijo no hace mucho, dijo: “Hermano Branham...” Yo estaba hablando tocante a la resurrección de Lázaro. Dijo: “Ud. no quiere decir... Ud. alardea mucho tocante a que Jesús era Divino”. Yo dije: “El sí era Divino. Sí”. Ella dijo: “Bueno, yo le probaré a Ud. por su propia Biblia que El no lo era”. Yo dije: “¡Hágalo!” Y ella dijo: “Bueno, el capítulo 11 de San Juan dice que El fue al sepulcro de Lázaro y lloró”. Yo dije: “Eso no–eso no tiene nada que ver con ello. El era ambos, ¡hombre y Dios!” Yo dije: “El sí era un hombre, es verdad, cuando estaba llorando. Pero cuando El se paró al lado del sepulcro de un hombre que había estado muerto ya cuatro días, y su nariz ya se le había hundido, los gusanos comiendo su cuerpo, y dijo: ‘¡Lázaro, sal fuera!’, eso se necesitó más que un hombre”. ¡Sí, señor!

El era un hombre cuando descendió del monte aquella noche, buscando algo para comer en esa higuera, y no encontró nada allí. El era un hombre cuando tenía hambre. Pero cuando El tomó cinco panes y dos peces y alimentó a cinco mil, Ese era más que un hombre. ¡Sí, señor! Ese era Dios en ese hombre. Sí, señor. El era un hombre acostado allí en la parte de atrás de esa barca pequeña aquella noche. Los demonios, cuarenta mil de ellos en el mar, juraron que lo ahogarían en esa pequeña barca vieja que estaba como un tapón de corcho de botella, moviéndose de un lado para el otro. El diablo dijo: “Ahora lo tenemos. El está dormido. Lo ahogaremos”. El era un hombre, cansado y agotado, acostado allí en la parte de atrás de esa barca, con una almohada en algún lugar, dormido. Pero hermano, una vez que El se levantó, ¡oh, hermano!, puso Su pie sobre la cargadera de la barca, alzó Su vista, y dijo: “¡Calla, enmudece!”, y los vientos y las olas le obedecieron, Ese era más que un hombre. Ese era Dios en ese hombre. Sí era un hombre cuando clamó por misericordia en la cruz. Eso es correcto. “Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” El murió clamando por misericordia. Eso es correcto. Pero en esa tercera mañana cuando El rompió el sello de la muerte y resucitó al tercer día y ascendió a lo alto, El era más que un hombre. Todos los que han alcanzado llegar a ser notables creen eso. Correcto. Poetas, autores, profetas, y todos los demás, creen eso.

Ahora, los jóvenes hebreos iban pasando por su prueba. Ellos estaban en el último momento, y ellos estaban listos para entrar al horno. ¿Saben qué? Algunas veces observamos las cosas sucediendo aquí en la tierra, pero hay algo que está sucediendo en el Cielo al mismo tiempo. Pudiéramos no ser capaces de verlo, pero está sucediendo de todas maneras. Volvamos nuestra cámara ahora hacia el Cielo. Yo puedo ver a Jesús sentado en el Trono, ya para amanecer. El humo del horno se está elevando muy alto en los cielos. Yo lo veo a El sentado allá mirando atentamente hacia abajo, viendo lo que ellos iban a hacer. Eso es lo que El hace con Uds. y conmigo cuando somos probados. El prometió que la Descendencia de Abraham poseería las puertas del enemigo. Yo creo eso.

Yo lo veo mirando atentamente. De repente un gran Angel Gabriel viene a Su lado derecho, se para en posición de atención, y pone Su mano en Su espada. El dijo: “Padre: ¿Has mirado allá abajo? Ellos son la Descendencia de Abraham. Ellos son... ellos creen en Ti. Han orado toda la noche. Y ellos van directo a su muerte. Permíteme ir allá, y Yo cambiaré la escena”. Yo creo que El lo hubiera podido hacer. Correcto. El dijo: “Correcto, Gabriel. Tú eres un buen Angel. Sólo párate allí”. Ahí viene otro. Su nombre es Ajenjo. El es el–El es el Angel sobre todas las aguas. Yo lo puedo ver pararse en posición de atención, dijo: “Padre: ¿has mirado allá abajo en Babilonia?” “Sí, Yo los he mirado atentamente toda la noche”. (¡Oh!, “Su ojo está en el gorrión, y yo sé que El cuida de mí”). “Yo los he mirado atentamente toda la noche”. “Ellos se están preparando para quemar tres hombres allá esta mañana, de la Descendencia de Abraham que te han tomado a Tu Palabra, y se están parando valientemente sobre Ella. Tú sabes que en una ocasión Tú me dijiste que soltara todas las aguas. Yo tengo el control. Permíteme ir allá abajo, y Yo exterminaré a Babilonia del mapa con agua”. El lo hubiera podido hacer. Yo lo puedo oír a El decir: “Correcto, Ajenjo. Tú eres un Angel maravilloso. Tú–tú hiciste exactamente todo lo que Yo te ordené desde que te creé. Yo te creé. Tú también lo hiciste, Gabriel. Pero, ¿saben qué?, Yo mismo voy a ir allá. Este es Mi asunto”. ¡Oh!

Justo en el momento cuando ellos estaban listos para tomar su último paso, yo lo puedo ver a El ponerse de pie. Sus túnicas sacerdotales cayeron alrededor de El. Es en donde El está sentado esta noche (y están ensangrentadas), intercediendo sobre nuestra confesión, pues El murió para que se cumpla todo lo que pidiéramos. ¿Dónde está nuestra fe en El? Allí El se pone de pie, llama haciendo una señal en esa dirección, y ahí viene una grande nube blanca ante El. Se sube en ella, llama al viento del este, al viento del norte, al viento del sur, y al viento del oeste para que lo conduzcan como caballos. Estrechó Su mano y tomó el relámpago zigzagueando, y lo tronó a lo largo de los cielos. Antes que ellos pudieran entrar allí, El estaba con ellos en el horno de fuego ardiendo. El estaba allí adentro con una grande hoja de palma como abanico, de alguna parte del Arbol de Vida, abanicando de ellos las llamas de fuego de esa manera. Dijo: “Yo sólo lo quiero hablar con Uds., hijos. Yo sé que Uds. son de la Descendencia de Abraham. Yo les dí la promesa, y aquí estoy para contestarla”, quitando de ellos las llamas de fuego. ¡Oh, sí! Ellos lo abrieron. Dijo: “¿Cuántos echaron Uds. allí adentro?” Dijeron: “Tres”. El dijo: “Hay uno más allí adentro, y se parece al Hijo de Dios”. El sí lo era. ¿Por qué? Ellos... después que fueron probados, ellos poseyeron las puertas del enemigo. ¡Amén!

Daniel pasó por la misma cosa, después que fue puesto en una prueba para ver si él oraba o no. El levantó las cortinas, abrió las persianas, y se arrodilló y oró como siempre lo hacía. ¡Sí, señor! Oró como siempre lo hacía. Y, ¿qué sucedió? Ellos... El pasó por la prueba. Ellos dijeron: “Te daremos de comer a los leones”, y ellos habían estado sin comer por semanas. El dijo: “Mi Dios me puede librar de esos leones”. Pero después que él había pasado por la prueba, ¿qué sucedió? El poseyó las puertas del ene-... [Porción sin grabar en la cinta–Ed.]. Moisés, después que él había sido fiel a Dios, pasó por las pruebas, y llevó a los hijos de Israel por el sendero del deber. Toda la naturaleza clamó contra ello. Ahí estaban las montañas a un lado y los desiertos, el ejército de Faraón persiguiéndolos, y el Mar Rojo obstaculizándolos. Bueno, estaban atrapados. Parecía que Dios era un hombre militar sin experiencia, por haberlos empujado a esa esquina allí y dejarlos morir.

A Dios le gusta hacer eso. A Dios le gusta mostrar Su mano poderosamente. Sí, a El le gusta. A El le gusta mostrar Su poder. El está esperando esta noche mostrarlo en Uds.: tomar a ese pecador y cambiarlo completamente; tomar a esa mujer de mala fama y cambiarla a una mujer piadosa y santa; tomar a esa muchacha que ha tomado el camino incorrecto, a ese muchacho que ha tomado el camino incorrecto, y regresarlos a ese lugar para hacer de ellos hijos e hijas de Dios. El está listo para tomar a ese hombre muriéndose de cáncer, aquel con problema de corazón, aquel que está ciego, ese que está afligido; si él sólo pone su fe allí, lo cambiará de muerte a Vida, y lo empezará con un testimonio. El está esperando para hacerlo. El los mete a Uds. en una trampa para ver lo que Uds. harán. El los metió allí en esa trampa. Parecía que la misma naturaleza estaba escondiendo su rostro. Sí. Un escritor dijo en una ocasión, que cuando ellos entraron a ese lugar, se preguntaban lo que Moisés haría. El tenía una sola orden: “Sigue adelante”. Si Uds. están en el puesto del deber, no importa lo que esté en el camino... Las experiencias más grandes que yo he tenido alguna vez han sido cuando he topado contra algo que yo no podía pasar por encima, o debajo de ello, y sólo me quedaba allí y observaba a Dios abrir camino. Esa es la manera de hacerlo. Sólo caminen, continúen caminando. Presionen su nariz contra ello. Sólo continúen caminando hacia adelante. Sólo continúen caminando hacia adelante. Dios abrirá un camino.


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