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La Reina Del Sur William Marrion Branham

La Reina Del Sur MP3 - William Marrion Branham

60-1127

Cita del Mensaje de William Marrion Branham:
Entonces ella escudriñó los pergaminos, y se dio cuenta de todo lo que había en los pergaminos, de cómo era Jehová, cuál era Su naturaleza, lo que El hizo. Esa es una cosa buena para todo lector de la Biblia. Cuando Ud. vaya a una reunión, y Ud. no lo puede entender, vea si está en la Escritura. Si no es Escritural deshágase de la cosa. Si es la Escritura, ¡recíbalo! Correcto. ¿Qué...? Haga lo que Jesús dijo que hiciera. Luego ella compró los pergaminos, y los leyó. Ella dijo: “Bueno, yo sé que los pergaminos dicen que El es esa clase de... Todos los profetas dicen que El es esa clase de–de Dios, y El es el Dios de ese tipo. Así que, yo voy allá, y voy a llevar mucho dinero conmigo. Si es la verdad, yo lo apoyaré. Si no es la verdad, entonces yo no lo voy a apoyar. Me traeré mi dinero de regreso”. Eso sería una buena lección para muchos americanos. ¡Si–si la gente americana apoyaría eso lo cual es correcto, eso que prueba ser Dios! Pero ellos apoyan casi todo lo demás excepto eso. Me supongo que tiene que ser de esa manera.

Ahora recuerden, ella ensilló sus camellos, y se llevó unas cuantas sirvientas con ella, y los eunucos del templo. Y ella emprendió su viaje. Ahora, recuerden que ella no tenía que ir sólo al cruzar la calle. Ella tenía que viajar cientos de millas a través del desierto del Sahara, no en un Cadillac con aire acondicionado, sino en el lomo de un camello. Con razón Jesús dijo: “Ella se levantará en el Día del Juicio y condenará esta generación”. Alguna gente no cruza la calle para ver una de las reuniones, y ella vino de los fines de la tierra para oír la sabiduría de Salomón. “Y he aquí Uno más grande que Salomón en este lugar”. El Dios de Salomón está con nosotros, seguro, haciendo las mismas cosas que El hizo en el día de Salomón. Con razón Jesús dijo que ella se levantará en el Juicio y condenará esta generación. Y otra cosa: ella traía mucho dinero, mirra, e incienso. ¡Oh!, era–era... No hay manera para calcular el precio, decenas de miles de dólares en valor. Ahora ella tenía que cruzar el desierto. Los hijos de Ismael estaban allá en el desierto, y ellos eran ladrones.

Pero Uds. saben, hay algo tocante a ello. Cuando su corazón empieza a tener hambre por Dios, Ud. no tiene temor. Ud. sencillamente continúa adelante de todas maneras; Ud. no piensa al respecto. Lo que mamá va a decir, lo que papá va a decir, lo que Fulano de tal va a decir, lo que su patrón va a decir, Ud. sencillamente continúa caminando hacia adelante. Cuando Ud. empieza a tener hambre y sed por Dios, algo empieza a venir. Ud. va tras ello de todas maneras. Ella empezó a cruzar el desierto. Tal vez tuvo que viajar de noche porque de día sería muy caluroso. Esos rayos directos de ese–ese sol allá en ese desierto del Sahara casi le quemaría la piel de Ud. Y ella... ¿Saben Uds. cuánto tiempo se toma para que una caravana cruce ese desierto? Noventa días; ¡tres meses! Pero había algo que la atraía a ella, que tiraba de ella.

¡Oh Dios, qué cosa! “Bienaventurados los que tienen hambre y sed, porque ellos serán saciados”; hambrientos y sedientos. Oh, hasta que Uds. estén sedientos, no podrán decírselo a Uds.; pero cuando Uds. empiecen a tener sed, entonces están listos. Ella había estado... Ella no estaba pensando tocante a los hijos de Ismael; Dios protegería de eso. Si ese Dios era Dios, El la protegería a ella. Y ella iba en camino. En el día se movía de un lugar a otro... En el día ella se acostaba por allí bajo algo con sus sirvientitas y leía esos pergaminos. Y decía: “Ese cielo grande, ¿Jehová hizo eso? ¿El hizo esto? Yo me voy a dar cuenta. Ellos dicen que ellos tienen una señal allá; yo voy a ver si está correcta”.

Finalmente, ella llegó a las puertas del palacio. Y cuando ella finalmente llegó a las puertas del palacio, ella nunca vino sólo para decir: “Yo voy a entrar y me voy a sentar, y si ese hombre dice una sola cosa en contra de nuestra teología de nuestra iglesia, me voy a levantar y saldré encolerizada del edificio”. ¡No!, esa es la actitud americana (¿ven Uds.?), pero no la de ella. Ella llegó para sentarse allí hasta que estuviera completamente convencida, tipificándolo con las Escrituras. Ella levantó sus tiendas y todo, y se preparó para la reunión. Y yo me puedo imaginar que a la mañana siguiente ella se aseó lo mejor que pudo, ella y sus sirvientas, y ellas entraron. Y todo el coro cantó las grandes alabanzas, y las trompetas sonaron, y el sacrificio fue ofrecido, todos los preliminares terminaron, y Salomón salió a la plataforma.

Ella dijo: “¡Oh, ahí está él! Ese debe ser el hombre que Dios lo tiene ungido. Ahora, si este Dios... Ahora, permíteme ver ahora. Permíteme ver. Yo repasaré a todos estos profetas ahora; veré si está correcto”. Cuando menos pensó, ellos llevaron el primer caso a la plataforma, y ella se dio cuenta que el Espíritu de discernimiento de Salomón era perfecto. Día tras día ella lo observó; no había ninguna falla en ninguna parte. Su corazoncito empezó a latir. Después de un tiempo mientras empezaba a latir rápidamente, finalmente su tarjeta de oración fue llamada, y ella subió. Y cuando ella subió allá arriba, ella se paró ante Salomón; ella tenía un secreto en su corazón. Y Salomón, la Biblia dice, le dijo todas las cosas; no hubo una que quedara escondida. Dios le reveló todo a Salomón que ella quería saber. ¿Es correcto eso? Ese es el espíritu de discernimiento, seguro.

Se lo reveló todo a ella. Y cuando su tarjeta de oración fue llamada, y ella subió allá, y Salomón le reveló toda la cosa a ella por el Espíritu de Dios, ella se volteó hacia la audiencia, y dijo: “Todo lo que yo he oído es la verdad. Y más de lo que yo he oído es la verdad. Es más grande que lo que yo pensé”. ¿Por qué? Ella estaba parada en la Presencia de Jehová. ¡Aleluya! ¡Oh!, lo quisiera poder expresar de la manera que yo lo veo. ¡Oh, hermanos!, ¿comprenden Uds. que cuando el Espíritu Santo desciende, y el poder de Dios toca el lugar, que Jehová está presente, ese mismo Jehová?

¿Cómo podemos quedarnos quietos? ¿Qué debemos hacer? ¿Ven Uds.?, nosotros pensamos: “¡Oh!, si yo hubiera estado allá en aquel entonces...” Uds. se hubieran sentido de la misma manera que se sienten ahora. Es mayor ahora que lo que fue en aquel entonces, porque allá fue en un solo hombre; aquí es en toda persona que lo reciba a El. Aquello fue para un solo hombre: Salomón. Ahora, es para quienquiera, que venga. ¡Amén! Uno más grande que Salomón está aquí, mostrando la señal de Su resurrección. El fue hecho carne, y murió para quitar su pecado, resucitó al tercer día, y regresó en la forma del Espíritu Santo, y las obras que El hizo, El está haciendo aquí entre la gente, el mismo ayer, hoy, y por los siglos. ¡Aleluya! Yo digo: “¡Aleluya!”; significa: “Alabado nuestro Dios”. ¡Oh, sí, El está aquí! Con razón Jesús dijo: “Ella se levantará en el Día del Juicio y condenará esta generación...” Aparte de eso, miren lo que ella le dijo a Shreveport, y a muchos de estos lugares, a las iglesias Pentecostales. “No únicamente eso, sino bienaventurados son los que están contigo, que se paran y ministran contigo. Bienaventurados son ellos, porque estos dicen... ellos ven estas cosas sucediendo día tras día. Bienaventurados son ellos. Bienaventurados los hombres que están contigo, que se paran contigo, que ven este don operando día tras día”.

Jesús dijo que ella se levantará en el Juicio y condenará esa generación (correcto), y condenará esta generación; ¡cuánto más ella condenará ésta que aquélla, porque miren cuánta más Luz hemos recibido desde aquel día: muerte, sepultura, resurrección, y el Espíritu Santo mismo con nosotros! ¿Ven lo que quiero decir? Es muy común. Eso es lo que–eso es lo que el Espíritu Santo es para la gente Pentecostal; ¡es muy común! Un anciano... un hombre que vivía en el interior, en una ocasión iba rumbo a la orilla del mar. Y él escribía libros, y con frecuencia escribía del mar, de cuán hermoso era. Un día yendo rumbo hacia allá, yendo hacia la orilla del mar, él se encontró con un anciano marinero que venía del mar. Y él dijo: “¿Adónde vas, buen hombre?” El dijo: “¡Oh!, yo voy al mar. Yo nunca lo he visto en mi vida”. Y él dijo: “Yo quiero ver sus grandes olas blancas y saladas a medida que golpean. Yo quiero oler el aire salado. Yo quiero oír el grito de la gaviota”. Y el anciano marinero se paró allí y miró, mordió el tronco de su pipa un poquitito, dijo: “Yo nací en él. Yo he estado en él por cincuenta años. Yo no veo nada emocionante al respecto”, y se fue. Eso es. El estaba tan acostumbrado a él, que ya no le emocionaba.

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