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Cita del Mensaje de William Marrion Branham:
Uds. saben cómo ellos–ellos trabajan en una–una toxina para una enfermedad... Ahora el profeta preguntó: “¿No hay bálsamo (lo cual es toxina)? ¿No hay bálsamo en Galaad? ¿No hay médico allí? ¿No hay médico o no hay toxina? ¿Entonces por qué no hubo medicina para la hija de mi pueblo? ¿Qué es lo que pasa con ella? ¿Qué lo causa? No hay excusa. Ahora, ¿cómo encuentran la toxina? La primera cosa que hacen, la ciencia trabaja en unas–unas clases diferentes de químicos, y los mezclan en el laboratorio, y ponen gérmenes bajo prueba y le echan la toxina en ello. Y luego toman el germen bueno y el germen malo y trabajan juntamente hasta que ellos pueden descubrir algo que matará el germen malo y (a menos que haya un antibiótico), y–y dejará el germen bueno. Ahora cuando ellos piensan que lo tienen perfeccionado, ellos toman ese suero, y se lo aplican a un conejillo de Indias e investigan si el conejillo de Indias va a vivir o morir. Ahora, algunas veces no surte efecto en seres humanos. Y uno no puede estar seguro acerca de la medicina, porque algunas veces una medicina que ayuda a uno puede matar al otro. Y ellos están trabajando en alguna clase de medicina o algo para–para tratar de curar el cáncer.

El otro día, cuando ese comunista se levantó con ese frasco y lo agitó ante el mundo y dijo: “Nosotros tenemos algo aquí que tomará a un hombre paralizado, después que él ha estado paralizado... la condición muscular ha parado de funcionar... y haremos funcionar esos músculos de nuevo. Esa es una desgracia para la iglesia. La liberación no fue dada al comunismo. La liberación fue dada a la Iglesia. Eso es correcto, a la Iglesia del Dios Viviente. Y les digo: “En vez de estar examinando ese pensamiento a fondo, la Iglesia debería estar avanzando en el poder de Dios, tomando todo este gran poder que nosotros tenemos entre nosotros y no...”. Nosotros... a mí me gusta tocar el silbato... estas... a mí–a mí simplemente me gusta... Todavía hay mucho de niño en mí, a mí me gusta oír tocar el silbato, pero sin embargo, también conserve suficiente vapor allí para hacer que la máquina corra, Uds. saben, mientras va por la vía. Si nosotros sólo podemos encontrar dónde está este gran poder que Dios nos ha dado, sanará las enfermedades, discernirá los pensamientos del corazón, levantará a los muertos, hará cosas grandes y poderosas, si nosotros sólo lo conservamos correctamente.

Ahora, ellos dicen que la enfermedad número uno, que causa más muertes: es la enfermedad del corazón. Yo difiero con eso. La número uno, que causa más muertes, es la enfermedad del pecado; esa es lo que mata más en la nación; es la enfermedad del pecado. Pecado es incredulidad. Entra en la iglesia, envuelve a la gente con alguna clase de teología hecha por el hombre, con un montón de credos. Y cuando menos lo piensa, esa persona llega a ser un incrédulo, todavía religioso, pero incrédulo. La religión es una cosa extraña con que obrar, porque el anticristo es tan parecido a la cosa real, al grado que engañará a los mismos escogidos si fuere posible. Caín ofreció una ofrenda de igual manera como Abel la ofreció: hizo un altar, se postró, adoró, puso sus ofrendas sobre el altar. El hizo todo tan religioso como Abel lo hizo, pero él vino de la manera incorrecta. Dios no pudo recibirlo.

Y Jesús dijo: “En vano me adoran, enseñando como doctrina, los mandamientos de hombres”. Nosotros tenemos que estar en la vía correcta. Yo digo esto: “El hombre nunca podrá venir a Dios hasta que tomemos la verdadera vía sólida de Dios que guía a ese lugar. Tenemos que matar la verdadera enfermedad”. Tenemos que matar la verdadera enfermedad, y la enfermedad que tiene que ser matada es la enfermedad del pecado: incredulidad. Y nosotros nunca la mataremos hasta que tengamos la Toxina correcta. Tenemos que tener la Toxina correcta. Y esa Toxina correcta está en alguna parte en la economía de Dios, o El nunca hubiera escrito la prescripción. Eso es correcto. Nunca lo hará hasta que lleguemos a ese lugar, lleguemos a ese lugar. Investiguémoslo y veamos dónde está; veamos si existe una prescripción, veamos qué es la Toxina. Entonces cuando encontremos eso, entonces tenemos lo que mata.

Ahora, alguna gente dice: “Bueno, ahora, esperen un momento. Uds. saben, yo no puedo evitar de fumar. Yo–yo soy un miembro de iglesia, pero simplemente no puedo evitarlo.” “Yo–yo voy a bailes y yo–yo simplemente no puedo evitarlo”. ¿Saben Uds. lo que pasa? Ellos todavía no se han aplicado la Toxina. Todavía no han sido inoculados, porque esta Toxina no fue probada en un conejillo de Indias. Dios nunca se la aplicó a un conejillo de Indias. El se la aplicó a Sí mismo, y El la probó en Sí mismo para ver si surtiría efecto.

Ahora, hubo un tiempo cuando la toxina no surtía efecto, porque fue puesta en ovejas, y cabras, y becerras, y demás, pero ahora ha sido probada en Dios mismo. El fue quien vino para aplicarse la Toxina. En la rivera del Jordán El fue inoculado cuando los cielos se abrieron y el Espíritu de Dios descendió para morar en El. El fue inoculado. El anduvo por las riberas del Jordán. El echó fuera demonios. Ellos le escupieron en Su rostro, y El volvió la otra mejilla. Ellos le arrancaron puñados de barba. Fue puesta bajo toda prueba que podría ser puesta y probó ser verdadera. El nunca pidió que se la aplicaran a un conejillo de Indias; El mismo se la aplicó. Era obra de un hombre. Así que Dios fue hecho carne y habitó entre nosotros para aplicarse la Toxina El mismo. El fue quien la descubrió. El fue quien la probó en Sí mismo. El no le pidió a nadie más que se la aplicara; El mismo se la aplicó en Su propio cuerpo.

Entonces nos damos cuenta, en el día, en la cruz cuando El vino a encarar la muerte, la Toxina surtió efecto. La Toxina era verdadera: era correcta. Ellos se dieron cuenta cuando lo escupieron que El todavía podía orar por ellos. Cuando le clavaron los clavos en Sus manos, El dijo: “Perdónales, porque no saben lo que están haciendo”. El–El practicó lo que El predicó. El lo hizo exactamente, porque la Toxina con la que El fue inoculado, surtió efecto. Alguien preguntó en una ocasión: “¿Puede mi hijo sentarse a la derecha y a la izquierda?” El dijo: “No es mío el darlo, pero ¿pueden Uds. ser inoculados con el mismo Suero con el que Yo he sido inoculado?” ¿Se pueden Uds. aplicar la Inoculación de Dios? Entonces en el Calvario probó que surtió efecto. Todo estaba bien. Ahora, la prueba viene: ¿levantará los muertos? Pero en una mañana de Pascua la Inoculación todavía surtió efecto, porque los sellos fueron rotos alrededor del sepulcro. El Angel del Señor descendió, y movió la piedra, y el Hijo de Dios, quien estuvo en el sepulcro, Dios mismo hecho carne entre nosotros, El vino para probar que la Inoculación surtiría efecto en la tentación, en las enfermedades, en la muerte, y en la resurrección, todavía surtiría efecto.

¿Por qué la hija de mi pueblo está enferma? ¿No hay bálsamo en Galaad? Hay abundante. El lo derramó desde lo Alto. Cuando los discípulos vieron, y el pueblo que fue llamado a Vida Eterna vio esa Inoculación que podía volver la mejilla de este lado y del otro lado, Uno que podía ir ante la faz de la muerte y tener una seguridad que la Escritura estaba correcta... Cuando un hombre es inoculado con la Inoculación de Dios, lo cual es el Espíritu Santo, estará de acuerdo con toda Palabra que Dios dijo. Nunca le quitará a la Biblia para tomar alguna teología de algún hombre. El tomará toda Palabra que Dios escribió. Dirá: “Es la verdad. Es la verdad”.

Jesús tenía una verdad, porque Dios dijo por medio del profeta: “Yo no permitiré que Mi Santo vea corrupción, ni dejaré Su alma en el infierno”. Esa fue la aguja que perforó Sus venas, pero en una mañana de Pascua El sabía que saldría fuera de allí, porque la Biblia lo había dicho así. Y la corrupción comienza en setenta y dos horas, tres días y noches. El tendría que levantarse, o la Escritura sería quebrantada. Así que las Escritura no pueden ser quebrantadas. Ella no puede ser quebrantada. Dios lo prometió. Sólo vívala exactamente a la letra.

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