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La Reina De Saba Wiliam Branham

 La Reina De Saba MP3 - William Marrion Branham

60-0110
Cita del Mensaje de William Marrion Branham:
Ella lo creyó. Ella pasó por un tiempo difícil para llegar a ello. En su edad, eso es todo lo que Dios tenía en su edad para ella. Ella lo creyó. Y ellos estaban parados allí observando cosas más grandes que lo que hizo Salomón. Y sin embargo ellos no lo creyeron y le llamaron el diablo. El dijo: “Ella se levantará en el Juicio con esta generación y la condenará, porque ella vino de los fines de la tierra para ver a un Espíritu de discernimiento. Y Uno más grande que ése está con Uds.” Yo digo en esta noche, amigos, aunque Jesucristo era el Hijo de Dios parado en donde El estaba, El todavía no estaba glorificado. [Porción no grabada en la cinta–Ed.]. El todavía no había sido probado. El tuvo una oportunidad en el Getsemaní de desecharla. Pero El no había sido probado. Pero hoy El es probado por Dios. El murió y fue sepultado, y resucitó. Y después de dos mil años, El todavía está vivo en esta noche, una señal más grande que la que fue cuando El caminó en la tierra. Uno más grande que Salomón está aquí.

¡Oh, hermanos! Yo creo que los honestos de corazón quieren ver algo real. Las palabras están bien, pero, ¿obrará esa Palabra? Si Dios hizo una promesa de sanidad, ¿obrará? Si El hizo estas promesas, ¿obrarán? Si El dijo: “Las cosas que Yo hago Uds. las harán también, y más que estas, porque yo voy a Mi Padre”, ¿obrarían? Yo sé que la Biblia “King James” dice: “Mayores”, pero nada pudiera ser... Si Uds. miraran la original, ella dice: “Más”. El paró la naturaleza, El levantó a los muertos. Uds. no pudieran hacer obras más grandes, pero Uds. pudieran hacer más de ello. En ese entonces El (Dios), estaba en una sola persona, en Su Hijo, en Jesús. Y ahora El está en la Iglesia universal alrededor del mundo. “Más que estas Uds. harán porque Yo voy a Mi Padre”.

Gente real, honesta de corazón. Uds. de Georgia, yo creo que Uds. son honestos y sinceros, honestos de corazón. Esa es la razón que Uds. están aquí en esta noche. No que yo estoy condenando una iglesia de un hombre, cada una de ellas está bien. Somos hermanos. Pero la hora ha venido cuando tenemos que levantarnos por encima de nuestros sentimientos denominacionales, y entrar en hermandad. Estamos en hermandad uno con el otro y con Cristo. Y para eso son estas cosas. Dios envió algo real para atraer al corazón honesto a El. Yo soy un cazador, como muchos de Uds. lo saben. Yo solía cazar en los bosques del norte. Y yo cacé con un hombre llamado Burt Caul, uno de los mejores tiradores con el que alguna vez he cazado. Y yo soy un guía en muchos de los estados, un guía con licencia. Mi madre es media india. Ella vino de las reservas, su madre vino. Mi padre es irlandés. Tengo lo suficiente de esa sangre para hacerme anhelar por las afueras. Me gustaría predicarles a Uds. en alguna ocasión de mis experiencias, de cómo yo encontré a Dios en la naturaleza. Dios vive en la naturaleza.

Y yo solía ir allá al norte y cazar con él, porque uno nunca tenía que preocuparse de que Burt alguna vez se perdiera. El–él sabía en donde estaba, y era un buen tirador. Pero él era el hombre más malo que alguna vez yo había visto. El era muy cruel de corazón. Y un año, yo fui allá al norte. Y él solía matar pequeños venados bebés sólo para hacerme sentir mal. Y yo dije: “Burt, no tienes que hacer eso. No hay necesidad de matar los pequeños venados bebés. Tenemos mucho tiempo. Caza un venado, uno que sea adulto”. “Oh”, él dijo: “Predicador, tú eres un cobarde. Ese es el problema con Uds. montón de predicadores”. Dijo: “Uds. sólo son unos cobardes”. Yo dije: “Burt”. El dijo: “Yo pensé que tú eras un cazador”. Yo dije: “Yo soy un cazador, pero yo no soy un asesino”. Yo dije: “Eso está mal. Yo fui un guarda forestal por siete años, justamente antes de entrar en el ministerio”. Y yo dije: “Soy un conservacionista, y yo no creo en hacer eso”. (Aunque era legal matar a un venadito, pero no una docena).

Pero él–él lo hacía sólo para ser malo, para hacerme sentir mal. Como Uds. saben, hay gente como ésa en el mundo, que hacen burla de uno, sólo para hacerlo sentirse mal, dicen algo malo acerca de uno. No es la persona; es el diablo en esa persona. Eso es todo. Esa persona ama a su esposa lo mismo que Ud. ama a la suya y demás, le gusta comer, y dormir, y beber, y–y ser sociable, y cosas. Pero ellos lo hacen sólo porque el diablo los tiene controlados. Ese maníaco en Gadara, ese hombre amaba y todo, pero él estaba tan poseído del diablo, al grado que el–el diablo usó su lengua para hablar: “Te conocemos a Ti, Santo de Dios. ¿Por qué vienes a atormentarnos?” Ese no era ese hombre; era el diablo usando su voz. Y un hombre puede estar tan lleno de Dios, al grado que también Dios puede usar su voz. ¿Han visto Uds. alguna vez a un maníaco? Se requiere varios hombres para sujetarlo; su poder es tan grande, debido a que él está tan poseído del diablo. Ese hombre podía romper cadenas. Si el diablo puede darle a un hombre tanto poder así, ¿cuánto mucho más puede El darle a Uds. en esas sillas de ruedas, el poder de Su Espíritu para levantarse? Las sillas de ruedas, ni nada pudieran sujetarlos a Uds. Cuando Dios realmente se apodera, no cuando un predicador se apodera, pero cuando Dios se apodera, algo sucede. Ahora, yo no estoy fuera de sí; yo sé exactamente en donde estoy. Pero yo sólo me siento religioso. Si Dios realmente pudiera apoderarse de esta iglesia en esta noche, ¿qué sucedería? El está aquí. Su Espíritu está aquí. El quiere hacerlo. El anhela hacerlo. Si tan sólo lo dejáramos. “Yo puedo si tú quieres”.

Ahora, fíjense. Un año yo fui al norte a cazar con Burt. Y empezamos a cazar. El dijo: “Yo quiero mostrarte algo, Billy”. Yo dije: “Muy bien”. El metió su mano en su bolsillo (y él de todos modos ya tenía ojos que se miraban como los de una lagartija), y él miró allá con esos ojos que se miraban como de lagartija. Y él sopló un pequeño silbato, y sonaba igual como un pequeño venado bebé llorando por su mamá. Y yo dije: “Burt, ¡tú no harás eso!” El dijo: “Oh, predicador, no molestes”. Dijo: “Seguro que lo voy a hacer. Yo voy a colgar una cuerda de venaditos por todo este lugar sólo para mostrártelos a ti”. Yo dije: “¡Oh, Burt, eres tan malvado!” Y yo dije: “¿Por qué no llegas a ser un Cristiano? Tú pararías de hacer esas cosas”. El dijo: “¡Aaah, cállate, Billy”.

Fuimos a cazar ese día, y había como seis u ocho pulgadas de nieve [15.24 cm. y 20.32 cm., respectivamente–Trad.], lo suficiente para rastrear bien. Era un poquito avanzada la temporada... Y–y así que yo tuve que trabajar más tiempo, y no llegué allá a tiempo en mi vacación. Y empezamos a subir allá en las montañas Blancas, cerca de la Carretera Dos, viniendo de New Hampshire, pasando por New Hampshire viniendo de Berlín, bajando por... yendo hacia Lancaster, por la única carretera que cruza la cadena Presidencial. Nosotros íbamos hacia la Montaña Washington. Y estaba un poquito frío. Y cazamos toda la mañana. Los venados estaban muy escasos, habían sido caza-... sido cazados. Y había... Esos venaditos, cuando un rifle dispara, ellos corren para ocultarse. Uno no los ve más hasta la siguiente primavera. Y se estaban escondiendo. Y habíamos cazado toda la mañana y ni siquiera vimos una sola huella.

Y llegamos a un pequeño lugar abierto en donde había un amontonamiento de nieve. El viento había soplado y la nieve se había amontonado, oh, tres o cuatro pies de alto [90 cm. y 1.20 m., respectivamente–Trad.]. Y Burt como que (como lo llamaríamos) se agazapó. El metió su mano aquí en su pecho. Eran como las once. Nosotros siempre cargábamos unos termos de chocolate caliente, pues si nos accidentábamos, o si se ponía muy frío, o–o algo, bebíamos ese chocolate caliente. Y como que... El–el dulce, lo dulce allí, nos calentaba. Y quizás un emparedado.... Bueno, yo pensé: “Burt tiene hambre, así que comeremos un emparedado, o...” El como que se agazapó y metió su mano en su pecho, pero cuando él la sacó, era ese pequeño silbato. Y estábamos en un pequeño lugar abierto como de unas tres a cuatro veces el tamaño de este–de este salón de tribunal. Y él levantó su vista hacia mí con sus ojos que se miraban como de lagartija. Y él se rió para sí mismo. Yo dije: “Burt, tú no harás eso”. Y él sopló el silbato. Y para mi sorpresa, justamente al cruzar del lugar, una grande venada madre se levantó. Ahora, eso no es común. ¡oh, ella era un hermoso animal! Ahora, la venada era la madre. Y ella estaba allí parada. Yo estaba tan cerca de ella, que yo–yo podía ver sus grandes, imponentes y hermosas orejas levantadas. Y así que él levantó su vista hacia mí otra vez, con esos ojos de lagartija. Y él sopló el silbato otra vez. Ahora, eso es fuera de lo común que en esa hora del día un venado se levante. Pero ella oyó el lloro de un bebé. Y él sopló el silbato, y ella salió allí mismo a lo abierto. Ahora, ellos nunca hacen eso. Ellos nunca hacen eso. Porque si ellos–si ellos aun se levantaran, se quedarían ocultos. Pero ella salió allí mismo a lo abierto.

Y él levantó su vista hacia mí, y yo pensé: “¡Oh, Burt, cómo pudieras hacer eso!” Yo lo oí a él, oí el chasquido del cerrojo cuando el disparador de ese treinta cero seis echó un–un casquillo y lo encerró allí. Y él era un certero tirador. Y él apuntó el rifle. Yo pensé: “¡Oh, Dios!” Ella no se movió... Y ella oyó ese chasquido del rifle. Y cuando ella miró, esas grandes orejas se pararon, y esos grandes ojos cafés... Y ella vio al cazador. Bueno, por lo general ellos se irían como rayo. Pero ella no; ella era una madre. Un bebé estaba en dificultad. Aunque eso significaba muerte, su bebé estaba en dificultad. Ella no podía evitarlo; no estaba imitando algo. Ella no tenía algo fingido. Había algo en ella. Ella nació una madre, y su bebé estaba llamando. Muerte o no muerte, ella miró al cazador. Y yo vi esos brazos de acero posicionados en ese rifle.

Yo pensé: “¡Oh, Señor!, Burt, ¿cómo puedes hacer eso? Ese corazón leal de una madre latiendo por su bebé. Y en otro minuto, cuando tú aprietes ese gatillo, con esas líneas cruzadas [anteojo de puntería–Trad.] puestas sobre ella, tú estallarás completamente su leal corazón”. Así de cerca, no más de treinta yardas de ella [27.30 m–Trad.]. Yo pensé: “No quedará ni siquiera un pedazo de corazón en ella, ese corazón que está latiendo tan leal como una madre. ¿Cómo puedes hacerlo, Burt?” Yo no podía observarlo. Volteé mi rostro. Yo dije: “Padre Celestial...” en mí (quietamente)... “No permitas que lo haga. No... ¿Cómo puede hacerlo cuando él ve a esa madre, algo en ella; ella no puede evitarlo. Ella es una madre”. Yo continué escuchando, y el rifle no disparaba. Yo esperé unos segundos y todavía el rifle no disparaba. Yo volteé a mirar, y el cañón del rifle se estaba moviendo de esta manera. El me miró, y arrojó el rifle en la tierra, me agarró de las piernas del pantalón. Y él dijo: “Predicador: yo ya he tenido lo bastante de esto. Guíame a ese Jesús del que tú estás hablando. Yo quiero conocerlo a El”.

¿Cuál fue el problema? El había ido a la iglesia toda su vida. El había visto hipócritas y todo lo demás. Pero él vio algo real. El vio algo que no era una imitación. El vio algo que era realmente piadoso. Y el despliegue de lealtad de esa madre venada, como madre, guió a ese cazador de corazón cruel a Dios, allí mismo, en ese montón de nieve. Descargó su rifle y dijo: “Yo nunca mataré otro venadito mientras viva”. El ahora es un diácono en una de las iglesias Bautistas en New Hampshire. ¿Qué es eso? Hermano, hermana, ¿no le gustaría ser un Cristiano, tanto así de Cristiano como ella era una madre? ¿No le gustaría desplegar su lealtad y su fe a Cristo, no importa lo que le cueste a Ud., pararse allá con algo en Ud.? Ud. no puede hacerlo hasta que es nacido en Ud. Si Ud. no ha tenido esa experiencia, algo allí adentro que lo haga... ese algo que es real para Ud.; no porque Ud. pertenece a una iglesia, sino porque Cristo está en Ud., porque es algo real. ¿Les gustaría tener eso? ¿Cuántos aquí en estos momentos, mientras las personas están con sus rostros inclinados, levantarán su mano y dirán: “Hermano: me gustaría ser tanto así de Cristiano en mi corazón para desplegar la lealtad a Cristo, como esa madre venada al ser una madre”? Levante sus manos. Dios los bendiga. Oremos.


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