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La Reina De Saba William Marrion Branham

La Reina De Saba MP3 - William Marrion Branham

60-0710

Cita del Mensaje de William Marrion Branham:
Ahora, cuando Uds. ven esas cosas sucediendo y saben la hora en la que estamos viviendo, la sinceridad que la iglesia debería tener, y sin embargo todo lo fabuloso... Vaya al mercado, o al... o vaya Ud. en esta noche a cenar, y si ellos le dan a Ud. un plato de sopa con una araña grande en él, bueno, Ud. querrá demandar a la compañía. Claro que sí. O si una mosca está en él, Ud.... bueno, Ud. llamaría a la mesera y le daría una buena regañada. Y sin embargo Ud. va y toma alguna teología hecha por el hombre, y se la traga: “Unase a la iglesia, y eso es todo lo que Ud. tiene que hacer”. “El que no naciere de nuevo, no puede entrar en el Reino...?...” “Y estas señales los seguirán después que han nacido de nuevo”. ¿Ven? Eso es lo que dijo Jesús. Eso trae la marca de distinción a la Iglesia: las señales y prodigios del Cristo Viviente resucitado, viviendo en la Iglesia. Ellos no lo quieren hoy en día.

Pero esa reinita lo quería. Pero la primera cosa que ella quería saber: “¿Era Escritural o no?” Ella estudió todas las Escrituras. Entonces ella dijo: “Yo voy a hacer otra cosa. Yo soy una reina; y si ese mensaje está correcto, yo lo voy a apoyar”. Y ella cargó los camellos con oro, y mirra, e incienso, y toda clase de vestiduras costosas, y demás. Ella dijo: “Si está correcto, si ese Dios es un Dios verdadero, entonces yo he terminado con esta cosa a la que he estado sirviendo, y lo voy a apoyar con todo lo que tengo”. ¡Esa es la actitud! Escuchen: Dios no está interesado tanto por su dinero, sino que El quiere que lo apoyen a El con todo lo que Uds. son. El no quiere diez por ciento de su dinero, tanto como El quiere que su tiempo, su talento, su testimonio, y todo lo de Uds., sea puesto en Sus manos, para que así El pueda controlarlos a Uds. El quiere ser el Señor de Uds.; no únicamente su Salvador, sino su Señor; señorío, para gobernarlos.

Y él... Y ella dijo: “Yo lo apoyaré si está correcto; si no está, me puedo regresar con mi dinero a casa”. Yo pienso que esa es una cosa buena y sensata también hoy en día, para que escuchen muchos de los americanos. Apoyan toda clase de programa, y esas cosas condenan la mismísima cosa que Uds. creen. Correcto. Van y apoyan a los predicadores de radio y cosas.... Miren, yo no estoy condenando eso; yo no tengo programa de radio, y no es mi intención tener uno. ¿Pudiera haber estado en la televisión? Seguro. ¿Tener edificios e iglesias y demás? Yo las condené, las rechacé. Yo quiero ser humilde; yo quiero estar en un punto, en el cual yo pueda ir adondequiera, bajo cualquier condición, y predicar en dondequiera que Dios me guíe a ir, sin tener cuerdas que me aten, nada en lo absoluto; sólo estar libre para hacer y decir lo que el Espíritu Santo diga que yo diga. Ese–ese es mi motivo. Sí, señor. Quedarme con eso y sólo ser guiado por Su Espíritu.

¿Qué si yo tuviera que ganar diez mil dólares al día? ¿Qué si yo tuviera que ganar mil dólares al día? ¿Piensan Uds. que yo pudiera estar en Klamath Falls? Seguramente que no. Yo no pudiera estar, por supuesto. Yo no tengo que tener nada, sino sólo lo suficiente para alimentar a mis hijos. Dios se encarga de eso, así que eso es todo lo que es necesario. Así que allí estamos: sin apoyos y cosas como esas. Y yo creo que Dios les da a los ministros programas de radio y de televisión. Yo creo eso con todo mi corazón. Pero El no me los dio a mí. Ahora, la cosa de eso es: si Uds. están apoyando la cosa correcta... Pero, ¿por qué apoyarían Uds. una cosa que condena Pentecostés, y la sanidad Divina, y el poder del Espíritu Santo, y hace burla de ello? Y Uds. van y permiten que su propio predicador en la radio se muera de hambre, y tenga que cancelar su programa, y apoyan tal cosa como aquella. Yo no lo entiendo. Y yo sé de miles que lo hacen. Yo apoyaría solamente lo que yo creo y lo que yo pienso; yo me quedaría fiel a ello hasta que muriera (sí, señor), con todo: no únicamente con mi dinero, sino con mi alma, mi experiencia, mi testimonio, mi presencia, mi... Con todo lo que yo pudiera hacer, yo lo apoyaría.

Y esa reinita tenía la misma idea; con razón ella se parará en este último día y condenará la generación de hoy en día. Sí, ella lo iba a apoyar con todo lo que tenía. Ella puso su oro y cosas.... Ahora, la siguiente cosa: ella tenía que ir muy lejos para poder oír a este hombre, del que hablaban tanto. Ahora, ella tenía que cruzar el desierto de Sahara. ¿Saben Uds. qué tanto tiempo le tomó para hacerlo? Le tomó como unos tres meses, noventa días. Y ella no vino en un Cadillac con aire acondicionado. No. Ella vino sobre el lomo de un camello. Correcto. ¡Con razón ella condenará esta generación!; la gente ni siquiera cruzará la calle para oír un mensaje como ese, para ver al Espíritu de Dios moverse y hacer prodigios. Ellos se sentarán en sus patios de enfrente y criticarán, irán a los lugares y lo condenarán. Y ella vino de las partes más lejanas del mundo sobre el lomo de un camello, tuvo que viajar de noche.

Otra cosa: miren lo que había en su camino. Los hijos de Ismael estaban en el desierto en ese día. Ellos eran ladrones, y ella iba con todo ese dinero, cruzando el desierto, con un puñadito de soldados, unas cuantas sirvientas con ella, como guardaespaldas, cuatro o cinco eunucos allí alrededor de ella. Y viajando allá, con esta gran flota de jinetes árabes con caballos de patas ligeras, que cruzaban el desierto allí, y le podían quitar todo lo que ella tenía, y asesinarla, y dejarlos tirados allí. ¿Pero saben Uds. algo? Cuando Uds. tienen una hambre en su corazón por Dios, el peligro ni siquiera es obstáculo para Uds. Uds. sencillamente continúan yendo hacia adelante, escalando. ¡No hay nada que nos va a separar del amor de Dios que es en Cristo! Correcto. Continúan yendo hacia adelante. Ella sólo continuó yendo hacia adelante; ella nunca pensó en la muerte. De todas maneras, si Uds. están hambrientos por Dios, el diablo pondrá todo obstáculo que él pueda poner en su camino; pero Cristo lo quitará del camino. Sólo camine en la Luz, como El está en la Luz; sólo continúe yendo hacia adelante, y Dios abrirá un camino para Uds. El lo prometió hacer, y El lo hará. Y eso es correcto.

Ella empezó; ella cargó sus camellos; puso todos sus regalos sobre ellos. Ella empezó a cruzar el desierto, quizás viajando de noche. Estaba muy caluroso. Los rayos directos de ese–de ese sol en ese desierto de Sahara, casi coce la carne de sus huesos. Y ahí iba ella cruzando. ¿Por qué? Día tras día, semana tras semana, día tras día, mes tras mes, viajando hacia adelante, cruzando el desierto sobre estos camellos de un oasis a otro, sedienta de agua, su lengua reseca, y los labios tostados. Todos sus hombres caminando, en cualquier momento podían ser robados o matados; no importaba, ella iba en camino para ver si esa cosa estaba correcta o no. Y piensen aquí mismo de esta ciudad. Piensen en la gente de hoy. Este lugar pudiera estar atestado y apiñado, el patio lleno completamente, la gente con sus manos levantadas, alabando a Dios cuando ellos ven grandes señales y prodigios sucediendo, los prodigios, los milagros, la mera Escritura siendo cumplida, la señal de la resurrección a–a una generación mala y adúltera, pero, ¿lo harán? Con razón ella se parará en los últimos días y condenará esta generación, como dijo Jesús.

Ahora, nos damos cuenta, que finalmente ella llegó a las puertas sin ningún daño. Y cuando ella llegó... Ahora recuerden: mucha gente llega a una reunión de esta manera (si ella va a ver algún milagro de Dios que se va a hacer, o que se está haciendo), ella dirá: “Bueno, déjame decirte lo que voy a hacer. Voy a entrar, y me voy a sentar; y si ese predicador dice una sola cosa que yo no esté de acuerdo con ella, o que mi iglesia no esté de acuerdo con ella, me levantaré de inmediato y me saldré”. Eso muestra ignorancia. Eso es exactamente. Eso muestra pobre crianza para empezar. Ahora, ella no vino para quedarse y ver si el pastor diría algo, el pastor Salomón, diría algo con lo que ella no estaba de acuerdo, o que su iglesia... Ella sabía que su iglesia no estaba de acuerdo con eso. Pero ella entró para sentarse, para tomar las Escrituras, y para quedarse hasta que ella estuviera convencida de una manera o de la otra. ¡Esa es la manera de hacerlo! Tomen las cosas que reclaman ser de Dios, y pruébenlas con la Escritura para ver si son Escriturales; si ellas son Escriturales, están correctas.

Ahí llega ella ahora. Y baja toda sus cargas de los camellos. Ella pone sus tienditas allí afuera en las cortes del palacio. Y ella se va a quedar hasta estar convencida. Quisiera que la gente americana tuviera esa misma clase de idea. “A mí no me importa lo que diga el pastor, lo que diga John Jackson, o lo que diga mi denominación. Yo me voy a quedar hasta que esté completamente convencida si está correcto o no. Y lo voy a comparar con la Escritura palabra por palabra, y página por página. Y voy a ver si está correcto o no”. Ella se quedó hasta que estaba convencida, que ella sabía.

Ahora, tomemos su primera mañana. Bueno, yo oigo todo el cantar de los himnos, las campanas sonar, y–y Salomón sale al púlpito, a su lugar para juzgar, su trono; el pastor Salomón se sienta. La iglesia cantó los himnos, y las–las trompetas sonaron, y los instrumentos de música fueron tocados, y toda la congregación entró. Yo puedo ver a la reinita tomar su asiento allá atrás. Dijo: “Yo sólo observaré ahora y veré lo que sucede”. Allí subió uno, y cuando menos pensó... Ella dijo: “Bueno, veré si está correcto o no”. Y ella lo observó. Ella dijo: “Yo he oído cómo este Dios es un Dios que hace estas cosas. Yo voy a ver si ese Espíritu de Dios está en ese hombre, este siervo de El”.

Y cuando subió la primera persona, Salomón con su gran poder de discernimiento, la discernió perfectamente y se lo dijo. ¡Oh, hermanos! El corazón de la reinita empezó a latir rápidamente. Sucedió día tras día, y ocasión tras ocasión. Digamos (ella no la recibió por supuesto, pero digámoslo así) que ella recibió una tarjeta de oración, pero no fue llamada por largo tiempo. Pero después de un rato, llegó su turno de ir ante Salomón. Y la Biblia dice que no hubo nada escondido de Salomón. Pero él le reveló todas las cosas que ella debería saber; él se las dijo al respecto. Y cuando ella vio esto, dijo: “Ahora, yo veo que obra en otros. Y me pregunto si obrará en mí; yo... de alguna manera creo que eso está correcto. Yo he hecho el sacrificio; yo he venido de muy lejos. Y esto es lo que yo voy a hacer: yo me subiré allí y veré si obra en mí”. Así que ella se subió allí, y Salomón le dijo todas las cosas. La Biblia dice que “nada hubo escondido de Salomón”. Por medio del espíritu de discernimiento, un don de Dios, él discernió todo lo que ella... él debería decirle a ella. Y eso la satisfizo de tal manera, que ella le dio todos sus regalos a la iglesia, a la causa. Y ella se paró, y esto es lo que ella dijo: “Bienaventurados son los hombres que están contigo, que se quedan contigo, que te ministran, continuamente están contigo, porque sus ojos miran esto todo el tiempo”.

No únicamente es bienaventurada la gente y todos, sino que son bienaventurados los que ven esto hacerse día tras día. “Bienaventurados los hombres que–que están contigo, que ven estas cosas hacerse reunión tras reunión, vez tras vez. ¡Qué bienaventuranza es!” Y ella vio toda la gloria, y a Dios, y se convirtió. Y Jesús dijo: “Ella se parará en los últimos días y condenará esta generación, porque ella vino a oír la sabiduría de Salomón y uno más grande que Salomón está aquí”. Permítanme decirles a Uds. esta tarde, amigos: “Uno más grande que Salomón está aquí. El Espíritu Santo mismo está aquí, el Agente de Dios, el Jesús resucitado en la forma de Espíritu; Dios lo ha enviado a El de regreso para habitar en Su Iglesia, para estar con nosotros, para moverse, y–y para bendecirnos, y para darnos Su Presencia, y para hacer las obras que El hizo. ¡Oh, si nosotros únicamente lo pudiéramos captar! ¡Si Uds. únicamente se pudieran aferrar de eso!

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