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A El Oíd William Marrion Branham

A El Oíd MP3 - William Marrion Branham

60-0712m

Cita del Mensaje de William Marrion Branham:

Cuando ese hijo nacía en el hogar, posicionalmente, era un hijo, un hijo del padre. Pero miren, ¿qué hacía ese padre? El no tenía tiempo de estar con ese hijo; su negocio era muy grande. Así que él contrataba a un tutor o un ayo, un maestro. Y él indagaba en el país hasta que encontraba la clase correcta de hombre, porque ese era su hijo. Y él quería que ese niño fuera criado bien, porque ese hijo heredaría algún día todo lo que él tenía. Pero, él buscaba por dondequiera, hasta que podía encontrar el tipo correcto de hombre; no uno de esos hombres que estaba tratando de darle coba, diciéndole una mentira, o diciéndole: “¡Oh! tu hijo está progresando bien”, cuando no era así. Y él tenía que reportar el progreso de ese niño. Ahora, eso era posicionando un hijo. Los ministros aquí entienden y saben de lo que estoy hablando: el posicionamiento de un hijo (Pablo en Gálatas y demás), el posicionamiento de un hijo, en el Antiguo Testamento.

Yo pienso que los traductores del Rey Jacobo tenían esa idea, cuando pusieron: “En la casa de Mi Padre hay muchas mansiones”. Una casa era un dominio. Y en la casa del padre... Como en el Antiguo Testamento, en la casa del padre, él tenía muchos siervos. Y él iba a esos siervos... no tenía tiempo para enseñar a su hijo, así que él tomaba a alguien más para que lo enseñara en lugar de él, a un hombre correcto. Y eso es lo que Dios estaba mostrándonos aquí en lo que llamamos el monte de la Transfiguración, lo que El mismo estaba haciendo. Dios nunca le pidió a un hombre hacer algo que El mismo no lo haría. Recuerden eso. Dios no les pediría a Uds. que hicieran algo a menos que El mismo ya lo haya hecho.

Así que, fíjense. Miren: cuando ese hijo empezaba a llegar a la edad de ir a la escuela, ese tutor iba con ese hijo, y se quedaba con él, y le llevaba el mensaje al padre de cómo el hijo iba progresando. Si el hijo era–era tardo, no estaba en los negocios de su padre, entonces cómo ese tutor se debió avergonzar al ir, y ante la faz del padre decir: “Señor, lo siento decirlo, pero su–su hijo no está progresando muy bien. El–él sencillamente no–no aprende; a él no le interesa”. Bueno, entonces, Dios, cuando El se fue dejó aquí en la tierra a Su iglesia y El seleccionó a un Tutor para Su Iglesia. El tomó a un Ayo, a Alguien que sería honesto, que admitiría la verdad, la clase correcta de Ayo. No fue algún arzobispo, o papa, o superintendente general. El envió al Espíritu Santo para ser el Superintendente y el Tutor de la Iglesia. Pero nosotros adoptamos obispos y todo lo demás para ser tutores de la iglesia. No es el programa de Dios. El Espíritu Santo es nuestro Maestro. El Espíritu Santo es el Tutor de la Iglesia. Nosotros hemos adoptado toda clase de idea: toda clase de escuelas y teologías, y todo, cuando el Espíritu Santo nos debería estar guiando.

Ahora, esa es la razón que la Iglesia está en la condición que está en esta noche. Está siendo guiada por el hombre y no guiada por el Espíritu. Hijos e hijas de Dios son guiados por el Espíritu de Dios. El Espíritu de Dios debe guiar a la Iglesia. Ahora, el hombre pudiera decir cualquier cosa, pero el Espíritu Santo dirá la verdad tocante a Uds. Ahora, en esta noche, cómo piensa Ud. que el Espíritu Santo se ha de sentir cuando tiene que ir delante del Padre y decir: “Padre, ¡oh Tu Iglesia! ¿Sabes qué? Tu Iglesia, la mitad de ellos ni siquiera vienen a la iglesia el domingo. No, el miércoles en la noche, ellos se quedan en la casa para ver: ‘Amamos a Susi’, (o lo que eso sea en la televisión, Uds. saben). Ellos aman las cosas del mundo más que aman las alabanzas y el Poder de Dios”. Correcto.

Yo no tengo nada contra la televisión. Hay buenas cosas allí. Pero cuando un Cristiano se queda en casa y no va a la iglesia para ver algún programa ridículo como ése, algo sucedió en la vida de esa persona. El Espíritu Santo se ha salido a alguna parte. Uds. no están en los negocios del Padre. Qué piensan Uds. que El hace cuando sube ante el Padre y tiene que decir que Sus hijas, Sus hijos, Sus hijas amadas están usando esa ropa inmoral, lo que ellas llaman “pantaloncitos cortos”. ¡Sus hijas!

Yo dije eso no hace mucho tiempo, y una mujer me dijo, ella dijo: “Escuche, espere, Hermano Branham”. Ella me encontró atrás del edificio. Ella dijo: “Escuche, Hermano Branham: yo no uso pantaloncitos cortos”. Bueno, yo dije: “Eso está muy bien”. Ella dijo: “Yo sí uso pantalones”. Yo dije: “¡Eso es peor!” Correcto. La Biblia dice que es una abominación que la mujer se vista con ropa que le pertenece al hombre. ¡Dios no cambia! El hizo al hombre para que pareciera un hombre y a la mujer para que pareciera una mujer. Pero hoy en día los hombres son tan afeminados, que no saben cómo vestir. Correcto. Y las mujeres, las hijas de Dios, están fumando cigarrillos; es el daño más grande que el mundo alguna vez haya tenido. Yo no tengo miedo que Rusia destruya a América; América, ella misma se está destruyendo. No es el petirrojo que pica en la manzana lo que la daña; es el gusano en el corazón de la manzana lo que la mata. Eso es el problema con las iglesias y la nación hoy en día: es el pecado en el corazón. ¡Están lejos de Dios!

Una señora me dijo, ella dijo: “Hermano Branham: ya no hacen ropa. Tenemos que usar esa clase de ropa”. “Hermana: todavía hacen telas y hacen máquinas de coser. No hay excusa para eso, en lo absoluto”. ¿Cuál es el problema? Es un espíritu inmundo que vino sobre ellas. Solía estar mal que nuestras mujeres Pentecostales se cortaran su cabello. Ud. ahora tocó algo delicado, ¿no es así? ¿Qué sucedió? Algunas de ellas solían decir que ellas tenían dolor de cabeza; ¡mucho dolor de cabeza! ¿Saben Uds.?, la Biblia dice que si una mujer se corta su cabello, ella deshonra a su esposo. Una mujer deshonrosa, no es correcto vivir con ella. Yo no quiero decir que Ud. es mala; pero yo quiero decir que el diablo y algunos púlpitos afeminados, deberían estar allá como unos porqueros en lugar de ser predicadores, deberían salir y decir la verdad tocante a ello para que así Uds. sepan qué es la verdad... ¿Es correcto eso, hermanos?

Yo solía tener un viejo amigo Metodista que solía cantar una alabanza: Dejamos caer las trancas, Dejamos caer las trancas; Nos comprometimos con el pecado. Dejamos caer las trancas, Las ovejas se salieron; Pero, ¿cómo entraron los chivos? ¿Ven? ¿Cuál es el problema? Es que ellos dejaron caer las trancas, el estándar chapado a la antigua del Espíritu Santo que dirige a la iglesia, y la guía a toda verdad. Ahora, esa es la verdad. Eso pudiera ser chapado a la antigua; pudiera doler un poquito.

¿Saben Uds.?, cuando yo era un muchachito... Hay una cosa que todavía no puedo soportar, y esa es el aceite de ricino. Yo–yo al sólo olerlo, me enfermo por una semana. Cuando éramos muchachitos, mi mamá solía ir allá en donde ellos... a la tienda, a la carnicería, para comprar pedazos de pellejos con carne. Y ella los ponía a hervir, o mejor dicho los calentaba en un viejo sartén y les derretía la grasa y la usaba para hacer los–los panqueques (como nosotros los llamamos), los panes de maíz. Y teníamos frijoles de carita, nabos, y... eso era una buena comida. Y, pero, cuando comíamos sólo eso para la comida, desayuno, y cena, entonces... Cada sábado en la noche, todos nosotros muchachitos teníamos que tomar un baño. Yo recuerdo que mi mamá nos llamaba, y teníamos una grande y vieja tina de cedro. Y empezaba con el más pequeño, quien tomaba el primer baño. Y éramos diez de nosotros. Yo tomaba el último, en la misma agua, sólo se añadía un poquito más, para calentarla. Y luego, todos nosotros niños que íbamos a la escuela, teníamos que tomar una dosis de aceite de ricino. ¡Oh, cuando llegaba mi turno, me apretaba mi nariz! Yo decía: “Mamá, mamá, no por favor. ¡Oh!, me hace–me hace sentir muy enfermo”. Yo recuerdo a esa mamita mía sureña, ella decía: “Pero mira, Billy, si no te hace sentir enfermo, no te hace ningún bien”.

Y de esa manera es como yo predico el Evangelio. Si esto los hace que se sientan enfermos, les pudiera estimular a algunos su gastronomías de la Biblia y empezar cosas. Correcto. Correcto. Necesitamos el Evangelio chapado a la antigua; necesitamos el Espíritu Santo de nuevo adentro, el Poder de Dios, y sacar todo lo de Hollywood y las estrellas de televisión. ¿Sabe Ud., señora? Yo le quiero decir algo a Ud. (Y voy a llegar al hombre, en un momento). Pero, señora, yo le quiero decir algo a Ud. ¿Sabía Ud. que ese es un espíritu inmundo que vino sobre Ud.? ¿Sabe Ud. que si una damita va por la calle vestida toda sexual, sabe que esa mujer va a tener que responder por cometer adulterio? Bueno, ella pudiera ser tan pura como un lirio para su novio, o para su esposo. Pero la Biblia dice, Jesús dijo: “Si... Cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón”. Y luego, si Ud. se viste de esa manera y algún pecador la mira de esa manera, en el Día del Juicio cuando él responda por cometer adulterio, será con Ud. Y será su culpa, porque Ud. misma se presentó a él. Ud. pudiera no regresar mañana en la noche, pero Ud. lo va a escuchar una vez. ¿Ven? Correcto. Correcto. Es un espíritu inmundo y malo. Y ¿qué piensa Ud. que el Espíritu Santo piensa cuando El va ante el Padre para decirle que Sus hijas están actuando de esa manera?

Hace años, allá en el–el sur cuando ellos solían tomar a la gente de color y venderlos como esclavos, eso nunca fue correcto. No, señor. Dios–Dios hizo al hombre; el hombre hizo esclavos. Y ellos solían pasar y comprar a esa pobre gente igual que uno compra allá en el lote de automóviles usados: sólo conseguir un contrato de compra y venta, y venderlos. Solía haber agentes compradores que pasaban por allí y veían a esas personas. Y ellos separaban de sus esposas a esos hombres musculosos y fornidos, y los cruzaban con una– una mujer más robusta, o algo así, para producir mejores esclavos. ¿Recuerdan cuando Abraham Lincoln se quitó su sombrero y golpeó con su puño su mano de esta manera, dijo: “Eso está mal, y algún día yo lo destruiré”? Dios danos un presidente otra vez como Abraham Lincoln. Sí. Cuando él dijo eso, él estaba correcto.

Escuche también el Mensaje Conferencia con Dios

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