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Mas Al Principio No Fue Así William Marrion Branham

 Mas Al Principio No Fue Así MP3 - William Marrion Branham

60-0306

Cita del Mensaje de William Marrion Branham:
Ahora, en el Día de Pentecostés, Pedro estaba hablando. Y la gente estaba... había estado hablando en lenguas, y haciendo ruido, y–y hablando en otras lenguas, actuando como que fueran hombres ebrios. Y ellos fueron cuestionados tocante a estas cosas, y querían saber cómo podían ser salvos. Y Pedro les dijo: “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el Nombre de Jesucristo para perdón de los pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare”. La promesa es para “el que quiera, que venga”. Así que, ¿ven Uds.?, Dios no puede cambiar eso. Si eso es la Palabra de Dios, es perfecta para siempre. Ahora, nos damos cuenta, que a medida que las edades transcurren, el hombre entra y pervierte esa Palabra de Dios para hacerla que se acomode con una cierta tradición. Ahora, ellos vendrán y dirán: “Ya no hay más necesidad de recibir el Espíritu Santo. Sólo es entrar en un compañerismo”. Ahora, si hubiera sido “compañerismo”, el Espíritu Santo no hubiera tenido que venir.

Algunos de ellos dicen: “Si nosotros guardamos los mandamientos, eso es todo lo que tenemos que hacer”. Si el “guardar los mandamientos” fuera todo lo que Dios requirió, Jesús murió en vano. El Espíritu Santo no tuvo que venir, porque ellos tenían los mandamientos antes que viniera el Espíritu Santo. Pero se necesita el Espíritu Santo para guardar los mandamientos. Uds. tienen que tenerlo. La Palabra de Dios siempre es perfecta, y siempre es la misma cada vez. Ahora, los hombres la pervierten y la cambian. Y cuando Jesús vino, la primera vez, El encontró a hombres que estaban haciendo esta mismísima cosa: pervirtiendo los caminos de Dios. Y Jesús les dijo: “En vano Uds. me adoran. En vano Uds. me adoran, enseñando por doctrina los mandamientos de hombres”. Ahora, todo lo que es en vano, como... Bueno, no hay nada en ello. No es bueno. Si yo camino por una calle para recoger un billete de un dólar, y no hay un billete de un dólar allí, entonces yo caminé allí en vano. Es en vano.

Y Jesús les dijo a esos adoradores de ese día, que ellos estaban adorando a El en vano, “enseñando por doctrina los mandamientos de hombres”. ¿Qué estoy tratando yo de decir? Uds. tienen que regresar a la Palabra de Dios para regresar. Uds. tienen que regresar. La iglesia nunca será capaz de moverse más adelante, hasta que venga a la Palabra y se mueva sobre la Palabra. Tenemos que venir a la Palabra. No importa cuál sea la sensación, cómo se mire, cuán grande sea la iglesia, cuán poderosa sea la gente; Uds. tienen que regresar a la Palabra de Dios. Esa es la Palabra Eterna de Dios, y tenemos que venir a Ella. Y Jesús dijo en esos días cuando El vino, que El vio al pueblo recurriendo a la iglesia para salvación. Ahora, muchas personas hacen eso hoy en día. Ellas dicen: “Bueno, yo pertenezco a la iglesia. Yo pertenezco a esta iglesia”. Y ellas están recurriendo a ellas para salvación. ¿Qué encontraron ellas... a qué las encontró Jesús adorando? No a la Palabra de Dios, sino a las tradiciones, a los credos. Y si El viniera hoy, El encontraría a muchos de nosotros en la misma cosa: tomando credos.

Ahora, si Jesús viniera hoy, y Uds. dijeran: “Oh, Señor, en mi iglesia, la primera cosa que hacemos, nosotros citamos el credo de los apóstoles”. Jesús diría: “Mas al principio no fue así”. “Nuestra iglesia no cree en sanidad Divina”. Jesús diría: “Mas al principio no fue así”. ¿Ven? Sólo regresen al principio. “Nuestra iglesia no cree en el Bautismo del Espíritu Santo”. Jesús diría: “Mas al principio no fue así”. Uds. tienen que regresar al principio. Regresen adónde empezó. Por lo tanto, Jesús dijo: “Vosotros tomáis los mandamientos de Dios y los habéis invalidados por vuestra tradición”.

Tomando (la iglesia) los mandamientos, la enseñanza de la Biblia, y los quitaron por explicación, y por lo tanto Uds. invalidan los mandamientos de Dios. Uds. toman la Palabra de Dios, y la cambian a alguna clase de credo por explicación. Y luego Uds. claman: “¿En dónde está el Dios de la Biblia?” Uds. lo han quitado a El por explicación. Uds. se lo han quitado todo al pueblo por explicación, cuando les dicen que: “Los días de los milagros han pasado. No hay tal cosa como el Espíritu Santo. No hay tal cosa como sanidad Divina. No hay tal cosa como la visita de Angeles. No hay tal cosa como milagros”. Cuando Uds. hacen eso, Uds. quitan todo lo sobrenatural de la Biblia por explicación, sacan a Dios de la iglesia cuando Uds. lo hacen, por medio de tradición.

Ahora, yo pienso que, por mí, yo quiero adorar, y adorar con una iglesia que cree el Evangelio Completo, y predica toda Palabra de El, y practica toda Palabra de El. Regresen al Evangelio Completo, regresen al poder de Dios, regresen al Espíritu Santo. Regresen al principio, y recíbanlo como ellos lo recibieron en el principio. Y traerá los mismos resultados que trajo en el principio, si Uds. solamente regresan al principio para tomarlo. Oh, hoy en día me recuerda... Muchos llegan a estar muy molestos tratando de encontrar grandes lugares, y hermosos órganos de pipa, y... Esas cosas están bien. Si una iglesia tiene una cruz dorada arriba de ella de un millón de dólares, si tiene un órgano de un millón de dólares, y en esa iglesia el Espíritu Santo tiene la prioridad, alabado sea Dios; me gustaría pertenecer a esa iglesia. Correcto. Pero a mí no me importa lo que tenga, si el Espíritu Santo no está allí, no es un lugar para mí. Yo quiero estar en donde ellos lo prediquen de la manera que cayó en el principio. Eso es en donde yo sé que ellos lo recibieron en el principio. Esa es la única cosa que yo sé. La Palabra regresa al principio.

Esa es la razón que en esta noche yo estoy aquí en Phoenix, la razón que esta multitud se ha reunido aquí, es porque nosotros lo creemos de la manera que ellos lo creyeron en el principio. Dios es infinito. El no puede cambiar. El hombre cambia; los tiempos cambian; los reinos cambian; los mundos cambian; las iglesias cambian; pero Cristo permanece el mismo ayer, hoy, y por los siglos, y nunca puede cambiar. El es igual como El era en el principio. ¡Oh! El... Uds. dicen: “Bueno, nuestra iglesia ha existido por años y años y años y años”. Eso es bueno. Eso demuestra que se ha sostenido. Pero, hermano, si ellos no tienen el poder de Dios, no predican el Evangelio Completo, mas al principio no fue así. Yo tengo una niñita sentada aquí mirándome, la pequeña Sara. Y yo tengo otra niñita en casa, Rebeca. Rebeca es una muchacha de buen tamaño ahora, ella... como unos catorce años de edad. Sara tiene únicamente como unos ocho. Y ambas son las niñas de papi. Y así que cuando yo salgo a una reunión y al regresar a casa, ellas por lo general se quedan despiertas esperándome. Y yo tengo una pequeña parábola, una cosita de la cual yo quiero contarles.

Una noche yo llegué tarde. Y mamá y ellas habían esperado por mucho tiempo. Y Sara y Rebeca, ellas tenían puestas sus pijamas, y ellas estaban esperando. Esto fue antes que naciera José. Y ellas estaban esperando que yo entrara, y se hizo tarde. La reunión no terminó hasta muy tarde, y yo tenía que manejar una larga distancia, y así que su mamá las acostó a dormir. Y yo no llegué hasta alrededor de las dos o tres de la mañana. Y entré, me acosté y me dormí. Como a las cinco o seis, estando cansado y nervioso por la reunión y las visiones y demás, yo me levanté. Fui a la sala, me senté en la–la silla. En unos cuantos momentos, Rebeca despertó. Ella miró alrededor; había amanecido. Ella pensó: “Bueno, papi ya llegó a casa”. Y ella miró allá y vio a su hermanita, Sara, dormida. Saltó de la cama. Y ahí viene ella por el cuarto. Ella despertó a Sara. Sara se dio cuenta que había amanecido, así que ahí viene ella detrás de Rebeca.

Yo no sé tocante a sus hijos; pero el mayor obtiene la ropa, y el que sigue recibe lo usado. Y–y así que Sara estaba usando las pijamas de Rebeca, y los pies eran muy largos, y estaban muy grandes para ella. Y ella es una niña muy chaparrita. Y Rebeca podía correr muy bien, así que le ganó a Sara. Y Sara, con esos grandes y anchos pies de la pijama como un zapato para nieve, atravesando por allí, cayéndose en todo... Pero Rebeca corrió y llegó allí primero, y ella de un salto se montó en mis piernas, y me abrazó. Y, oh, Uds. saben cómo lo hace sentirse a uno. Oh, se me quitó la mitad del cansancio, después de eso. Y después de un rato, la pequeña Sara llegó a la escena, después que ella se cayó y se levantó, dos o tres veces. Y ella estaba parada a la puerta, y miró. Y Rebeca volteó y miró a Sara, y dijo: “Sara, mi hermana, quiero que tú sepas algo”. Y ella dijo: “Yo llegué primero aquí, y tengo a todo mi papi, y no hay nada que quede para ti”. Bueno, esto... [Porción no grabada en la cinta–Ed.]. Y la pequeña Sara, su pequeño labio se le colgó, sus ojitos cafés empezaron a llenarse de lágrimas, y ella se volteó. Yo la miré; yo espero que de esa manera Dios me mire algunas veces. Y ella estaba tan descorazonada debido a que Rebeca había llegado allí primero; y ella estaba sentada en mi pierna, y me tenía abrazado. [Porción no grabada en la cinta–Ed.]. Ahora, Uds. no pueden reclamar cada porcioncita de Dios. Hay lugar para algunos más, no importa quién llegó primero allí.

Y la pequeña Sara empezó a alejarse. Y yo la miré de esta manera, y ella me miró de lado, y esos ojitos cafés estaban lagrimeando. Yo le hice señas con mi dedo, mientras Rebeca tenía su cabeza recostada en la mía. Yo le ofrecí la otra pierna. Y ahí vino ella entonces, de un salto se montó en mi pierna. Y ella era un tipo como del Evangelio Completo. Ella no tenía las piernas lo suficientemente largas como para alardear de algo muy allá en el principio y cosas; ella estaba como tambaléandose, y yo tuve que abrazarla para sostenerla, porque tenía miedo que se cayera de mi pierna. Pero Rebeca era de piernas largas, y se balanceaba muy bien, y ella misma podía sostenerse. Pero Sara, no podía sostenerse ella misma; estaba tambaleándose. Y yo abracé a Sara de esta manera, la abracé poniéndola muy cerca a mí. Ella suspiró cuatro o cinco veces, y luego ella miró hacia atrás, y dijo: “Rebeca, mi hermana, yo también quiero decirte algo”. Ella dijo: “Pueda que sea verdad que tú tienes todo a papi. Pero yo quiero que sepas una cosa: papi me tiene toda a mí”.

De esa manera es con este Evangelio, el Evangelio chapado a la antigua. Pueda que yo no tenga toda la teología, pero una cosa yo sé: yo quiero que Cristo me tenga todo a mí, que El me sostenga. No importa cuán mal me porte, y cuánto yo salte, y corra, y grite, y me llene todo de baba, eso no tiene nada que ver con ello. Mientras El me tenga en Su completo control, a mí no me importa qué más suceda, cuán grande, o lo que fuere. “Todo de mí, Señor, sólo manténme envuelto en Tus brazos. Eso es lo que yo... todo lo que yo quiero”. Ellos preguntan hoy... Después que ellos han quitado todo por explicación, y dicen: “Todos esos días pasaron. Bueno, nuestros maestros, allá en el pasado, nos dijeron que esas cosas cesaron con los apóstoles, y demás”. Entonces ellos dicen: “¿Dónde está Dios? ¿Dónde está ese gran Dios? ¿Donde está nuestra gente hoy en día en nuestras iglesias, que se están vendiendo al comunismo y todo lo demás así de esa manera?”

Ellos no lo tenían en la Iglesia temprana. Ellos se estaban vendiendo de la otra manera, porque tenían Algo allá en el pasado que los hacía estar listos para ir a la muerte por estas cosas y estos principios por los cuales Cristo se paró, porque Cristo estaba en el corazón. ¡Oh!, eso es lo que necesitamos, regresar... [Porción no grabada en la cinta–Ed.]... al principio. Me recuerda en la Biblia, yo conté una historia, o mejor dicho, la leí allí, en donde a la edad de doce años, Jesús fue llevado a la fiesta de Pentecostés, con Su madre y Su padre adoptivo. Y ellos subieron a la fiesta de Pentecostés para adorar. Y, oh, ellos estaban tan ocupados con sus amigos y con todo; cuando terminaron su adoración y emprendieron el regreso, ellos llevaban tres días de viaje sin El, sólo pensando que El estaba en alguna parte entre sus parientes.

Yo me pregunto si nosotros no hemos emprendido un pequeño viaje, sólo percibiendo: “El está bien”. Sí. Me pregunto si esta nación no ha hecho lo mismo. “Oh, nosotros somos una nación religiosa. Dios está con nosotros. Y eso es todo lo que importa. El nos ha ayudado en la guerra, así que no importa”. Sólo percibiendo que El estaba con sus familiares. Finalmente, ellos se inquietaron tocante a El. Y ellos se regresaron adonde sus familiares y no lo encontraron. Y de esa manera es hoy en día. Nosotros regresamos a nuestros familiares religiosos. ¿Qué hacemos nosotros? Regresamos a una cierta iglesia grande. “Bueno, ¿qué del Dios, cuyo Poder cayó el Día de Pentecostés?” “Oh, eso fue en otro–otro día. Aquello no es esto”. “¿Dónde está la sanidad Divina?”

Las iglesias han empezado a reflexionar. Hombres en este día... El Hermano duPlessis pudiera decirles lo mismo, que grandes líderes entre las grandes iglesias, han empezado a mirar al pasado, examinándose. Y hombres de antecedentes Luteranos, Presbiterianos, están buscando la cosa real que cayó en el Día de Pentecostés. Correcto. Ellos no lo encuentran en sus denominaciones y cosas. Pero ellos se están reuniendo y diciendo: “¿En dónde lo dejamos a El? El no está entre nuestros familiares. El no está entre nuestros conocidos”. ¿En dónde lo dejaron ellos a El? ¿En dónde... se dejó a Jesús? En la fiesta de Pentecostés. Allí es exactamente en donde la iglesia lo ha dejado a El. Ellos lo dejaron a El en Pentecostés. La única manera que ellos reciben el real Mensaje, es regresar a Pentecostés, en donde lo dejaron a El. Regresar adonde el Espíritu Santo vino como un viento recio que soplaba, y cayó en la Iglesia. Sus corazones estaban en fuego, y quemaban con el poder de Dios. Ellos salieron sanando a los enfermos, y echando fuera espíritus malos, y profetizando, hablando en lenguas, y mostrando señales y prodigios. Esa es la única manera, hermano y hermana, que nosotros seremos capaces de encontrar a Dios de nuevo en la iglesia, es regresar adonde lo dejamos a El en el principio.

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