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Una Total Liberación MP3 - William Marrion Branham

59-0712

Cita del Mensaje de William Marrion Branham:
Y el miembro de la iglesia, él ha sido llamado para ser miembro de este cierto grupo, entonces él no se comprometería. Si la iglesia cree que nosotros no debiéramos apostar, entonces ese miembro nunca debiera tocar las barajas. Si nosotros no creemos en beber, él debiera apartarse completamente de la bebida. Si no creemos en apostar o fumar, el miembro de esta iglesia nunca debiera tocar tal cosa. Dios da total liberación. Cuando nosotros... El lo hará si nosotros mismos nos rendimos completamente a El. Si nosotros mismos nos entregamos completamente en Su mano, entonces Dios puede vivir en nosotros, Cristo, la esperanza de gloria. El mismo puede reflejarse desde nosotros a medida que nosotros nos hacemos a un lado; luego nuestros pensamientos son Sus pensamientos. ¿Pueden imaginarse a Cristo fumando un cigarro? ¿Pueden imaginarse a Cristo bebiendo o jugando cartas? Entonces si el espíritu suyo es parte de Su Espíritu, El quiere que sea de acuerdo a su confesión. Pero Uds. permiten al diablo que entre y tome control, y siempre en su corazón, muy profundamente, Uds. saben que andan mal cuando hacen esas cosas. Y si un miembro hablara mal de otro miembro, Uds. saben que eso es incorrecto. Se les ha mandado que oren unos por otros, no que hablen mal unos de los otros, sino que se amen unos a otros. Y si alguien ha caído, levantémoslo; ayudémoslo. Ahora, eso nos hace un–un–un grupo unificado de creyentes. Ahora, cuando nosotros no obedecemos eso, entonces no obedecemos a Dios y lo desagradamos. Y por lo tanto, nuestra iglesia, nuestra gente no puede prosperar, la iglesia no puede avanzar por cuanto estamos desunidos. Como dijo Jesús: “Un poco de levadura leuda la masa”.

Ahora, si el consejo de la iglesia, o sea, los–los diáconos vendrían y dijeran que nosotros habríamos de –estaban pensando que debiéramos construir un tabernáculo nuevo... Si ese es el voto de los diáconos, y los síndicos han sido consultados y no tienen el dinero para hacerlo, entonces se hace un programa de construcción como el que tenemos en proceso ahora. Y luego se presenta al pueblo en general, como debiéramos, siendo que la iglesia es soberana. Entonces si la iglesia vota a favor del tabernáculo nuevo, entonces todos debiéramos cooperar juntamente en construir el tabernáculo.
Francamente, yo mismo, cuando ellos me hablaron sobre el tabernáculo nuevo, estaba en contra de la idea. Eso es correcto. Yo dije: “No necesitamos un tabernáculo nuevo. Probablemente yo me estaré yendo de aquí ya pronto si es que el Señor–si lo que El me mostró se cumple. ¿Para qué necesitamos un tabernáculo nuevo? No tenemos el dinero”.

Luego yo vine y capté el sentir de la iglesia, que la iglesia en su mayoría parecía quererlo. ¿Entonces qué es lo que hice? Yo sacrifiqué mis propios pensamientos y me uní con la iglesia. Seguro, hagámoslo, si así es como votamos. Esa es de la manera como lo hicieron en la época de la Biblia, la manera como votaba la Iglesia: la soberanía, los grupos del pueblo se reunían. Hay fuerza en la unidad. Así que, por lo tanto, dije yo: “Por supuesto, si esa es la manera en que la iglesia lo quiere, si eso es lo que Dios está queriendo. El tiene más autoridad para votar entre todo un grupo de gente que lo que El tiene en mí, siendo que yo no tengo una visión para decir que no debiera hacerse. Así que, nos unimos con la iglesia, y nos movimos con la iglesia. Y yo estoy respaldándola para hacer todo lo que pueda ¿ven?, para ayudar a la iglesia.

Eso debiera ser el motivo de cada cristiano y cada persona en la iglesia: El de unificarse y mantenerse juntos. Cualquier cosa por la que la iglesia vote, por eso mismo debiéramos pararnos. Entonces digamos, por ejemplo, que ellos quieren cambiar algo en la iglesia. Bueno entonces, si los síndicos quieren hacerlo, o alguien más quiere hacerlo, los diáconos, ellos quieren cambiar algo, eso se trae ante la iglesia; la iglesia entonces juntamente... Y si nuestra–si nuestra idea aquí pareciera un poco diferente a lo que toda la iglesia en conjunto hace, sacrifiquemos esa idea, por cuanto esa es la única manera que podemos mantenernos unidos. Y si esta iglesia tan sólo avanza en la manera que lo están haciendo ahora, y se mantiene unida, Dios hará... ¡Es ilimitado lo que El hará si nos mantenemos juntos! Debemos mantenernos juntos. Así es como queremos estar: Tan completamente uno con el otro, y luego tan completamente en las manos de Dios.

Y entonces tenemos que tener a un hombre el cual nosotros creemos que predica la Palabra de Dios. Si el hombre no lo hace, entonces consigan a alguien que sí lo haga. Así es de la manera que debemos pararnos. Si el consejo de síndicos no se para por lo que es correcto, entonces es asunto de Uds. elegir a alguien que se parará por lo que es correcto. Y luego cuando lo hagan, manténganse firmes. Depende de Uds. Manténganse firmes. Y todos juntos nos paramos por una Cosa: eso es Dios.

Si un miembro comete un error, no lo rechacen; ayúdenlo; levántenlo; júntense; platiquen unos con otros. Eso es lo que dijo la Escritura. Cuando cometemos un error, presentémonos ante Dios. Antes de presentarnos ante Dios, tenemos que presentarnos ante la persona que herimos.

Yo acabo de hacer eso. Y yo sé que hice mal: mentí, y causé a mi esposa que mintiera. Me parece que les dije acerca de ello, aquí en la iglesia. Fue algunos días atrás no hace mucho; ya hace como seis semanas. Los abogados me tenían todo acongojado sobre esta investigación, al punto que casi ni sabía en dónde estaba. Acababa de irme de la oficina a casa a comer, cuando el teléfono con el número privado sonó, y Meda fue a contestarlo. Ella lo cubrió con la mano, y dijo: “Son los abogados otra vez”.

Dije: “No pudiera aguantar otra noche más. Siento que mi cabeza se me va a salir. Estoy perdiendo mis sentidos; simplemente me está tirando de aquí para allá”. Yo dije: “No aguanto más”. Y yo salté, y dije: “Diles que no estoy aquí”, y salí corriendo hacia atrás de la casa.

Cuando regresé, Meda estando muy consciente de esas cosas, me encontró en la puerta, medio llorando. Ella me dijo: “¿Bill, fue correcto hacer eso?”

“Tú sabes como eres tú. Yo sé como soy yo”. Dije: “Claro, yo no estaba aquí en ese momento”. Yo sabía que Dios me había condenado por ello. Yo dije: “Yo no estaba aquí en ese momento”. Dijo: “Pero tú estabas aquí adentro cuando hizo la llamada”.

Esa tarde fui a orar por un bebé enfermo. Y antes que saliera de la casa, el teléfono volvió a sonar y el pequeño José corrió y cogió el teléfono y dijo: “Papá, ¿quieres que les diga que no estás? ¿Ven Uds. cómo el pecado corrompe? ¿Qué fin tendría una familia así?

En Primera de Juan el capítulo 5 [3–Trad.] y el versículo 21, dice: “Si nuestro corazón no nos reprende, confianza tenemos en Dios”. Pero si nuestros corazones nos reprenden, ¿cómo podemos tener confianza en Dios? Sabemos que mientras tenemos pecado que no ha sido confesado, El nunca nos oirá. Eso es fuerte, pero es–es–es –la iglesia necesita estas cosas.

Luego empecé a orar por este bebé. Y cuando empecé a poner mis manos sobre él, el Señor me reprendió y dijo: “Dijiste una mentira, y no estás en condiciones para orar por ese bebé”.

Me dí la media vuelta; le dije: “Señor, espere aquí. Tengo algo que arreglar”.

Llamé al abogado y fui allá a la oficina; lo cité, y le dije: “Mire, señor, yo dije una mentira. Yo hice que mi esposa mintiera; ella dijo que yo no estaba allí dentro. Yo corrí hacia atrás de la casa”. Y lo confesé y le dije acerca de ello.

Se acercó, puso sus manos en mi hombro, y dijo: “Hermano Branham, “yo siempre he tenido confianza en Ud., pero ahora la tengo más que nunca. Un hombre, dijo él, “que esté dispuesto a corregir sus errores...”

Y le dije a él, le dije: “Yo empecé a orar por un bebé, y el Señor simplemente me reprendió en mi corazón, por cuanto yo sabía que había hecho mal”.

Luego el siguiente día, mi esposa dijo: “¿Adónde vas? Le dije: “A mi cueva”.

Y fui allá a mi cueva más allá de Charlestown, adonde yo he estado yendo por años, y entré allí y oré todo ese día: “Oh Dios, nunca permitas que haga alguna cosa como esa otra vez. Perdóname, Señor, pues en cuanto empecé a poner mis manos sobre la gente enferma para orar, fui reprendido”. Como a las tres de la tarde salí, y allí está una roca al lado, y yo me subí en esa roca y estaba mirando hacia el este, con mis manos levantadas, alabando a Dios. Y estaba tan tranquilo allí, y yo dije: “Señor, si Tú solamente... En una ocasión Tú pasaste junto a Moisés, y él dijo que fue cuando lo tenías en la hendidura de la peña, y parecía como las espaldas de un hombre”. Dije: “¿Pudieras hacerlo otra vez, Señor, y dejarme saber que estoy perdonado?” Y yo dije: “Si Tú me ayudas y vienes a mi mente”, dije: “Señor, yo–yo no soy mentalmente fuerte, porque no tengo educación”. Dije: “Y yo–yo estoy tratando de servirte. Tú conoces mi corazón, y yo no... Yo no debería haber hecho eso. No quise hacerlo. Yo sentí que mi cabeza se me salía; estaba tan nervioso, y lo hice en un momento inesperado cuando Satanás me atrapó”. Le dije: “Si me perdonas, permíteme verte entonces, Señor”.

Y Dios siendo mi juez, justo a mi lado, en un lugarcito entre los arbustos empezó a dar vuelta algo como un viento, y vino exactamente a lo largo de la cueva adonde estaba yo, y atravesó el bosque. Oh, hermano, una paz que sobrepasa todo entendimiento me arrebató completamente, yo lloré, yo grité. Yo sé que mis pecados me fueron perdonados. ¿Ven?, yo estaba desunificado con Dios; no podía tener liberación para el bebé.

Dios en Nosotros

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